Bella y durmiente (2009)

Cultura audiovisual en Camagüey Documental

País: Cuba

Género: Documental

Formato: Digital

Duración: 21’

Productora: Luz Joven Producciones

Producción general: Reynaldo Pérez Labrada

Producción ejecutiva: Suniesky (Susú) Bonilla

Dirección: Yasser Socarrás

Guión: Yasser Socarrás

Fotografía: Dainy Basulto

Música: Karel Castillo

Tema: “Bella y durmiente” (Grupo Obsesión)

Animación: Lázaro Guillén

Sonido: Raudel Concepción

Edición: Raudel Concepción

Foto Fija: Annielsis Pérez

Entrevistados: Eduardo Albert, Gabriel Castillo, Juan Antonio García Borrero, Lionel Valdivia, Gustavo Pérez.


Reseña

Quizás venga muy de cerca la noticia, pero creo que la proyección del documental de Yasser Socarrás, Bella y durmiente (2010), el pasado miércoles en “Nuevo Mundo”, fue un éxito. La sala casi llena, con un público mayoritariamente joven y discutidor (que es lo que más me interesa), además de la presencia de tres de las personas entrevistadas (incluyendo al que esto escribe), formando parte del debate final.

Tengo la esperanza de que el documental pueda transmitirse en Televisión Camagüey, que es a mi juicio donde encontraría su público natural, pero por lo pronto ha sido bueno propiciar esta confrontación inicial con un grupo de espectadores que agradecieron la factura del material, aunque no se quedaron en el simple reconocimiento, sino que sumaron ideas, y las confrontaron dentro de un clima que yo llamaría de “aglutinante pluralidad”.

Como la propuesta del documental es esencialmente polémica, me gustaría prolongar y hasta matizar algunas ideas que manejé en el encuentro, tomando en cuenta precisamente las interrogantes a las que el realizador apela en su filme con el fin de que los interlocutores sometan al criterio público sus consideraciones.

La primera gran interrogante tendría que ver con cuánto de mito o realidad hay en esa versión que asegura que Camagüey es una de las ciudades más cultas del país. Confieso que ese tipo de afirmaciones provoca en mí más recelos que adhesión. En lo personal he encontrado en Camagüey la casa espiritual donde mejor me siento, y sigo admirando la obra de un grupo de coterráneos que supieron llegar bien lejos con su talento, pero sobre todo con su voluntad y persistencia. Mas hablar de Camagüey como una abstracción, como un sitio bendecido por los dioses, me parece monstruoso porque termina olvidando la raíz humana de toda creación que ha logrado trascender en su época, y más allá de ella. Dicho de un modo más claro: en Camagüey todavía hay gente muy talentosa, muy culta, pero me fastidia comprobar que podríamos tener el doble si en su momento no se hubiesen ido, lo mismo de la provincia que del país, un buen número de creadores y promotores de gran valía.

Ahora bien, los tiempos han cambiado. “Irse” de Camagüey, desde luego, seguirá siendo una tentación para algunos (en estos días compruebo con orgullo cómo varios de nuestros mejores locutores agramontinos han conseguido ocupar posiciones estelares en diversos programas y noticieros de la TV nacional). Pero “irse” ya no es la única opción para aquellos creadores que desean obtener un reconocimiento, o tan solo, un espacio en el cual exponer su arte.

Ya sé que no es lo mismo escribir (que es algo esencialmente solitario) que intentar realizar un material audiovisual desde aquí. Ya no se trata solo de la cámara que se utilizará. Después, ¿dónde se editará? Y lo más importante: ¿dónde se exhibirá eso que se hizo con tanto esfuerzo? ¿Filmar solo para los amigos?, ¿es ese el destino?

Es en este punto donde me quedo con deseos de hablar, no del Camagüey que tuvimos y que algunos añoran con paralizante nostalgia, sino del Camagüey que me gustaría vivir. Pienso que hoy en día buena parte de las instituciones culturales de la provincia han sido superadas por la dinámica de la vida. Pero lo peor de las instituciones no es que se hayan quedado en marcos burocráticos que impiden que el arte respire “a su aire”, sino que han inyectado en los más jóvenes esa suerte de fetichismo de la dependencia institucional.

Yasser Socarrás demoró un año y algo más en terminar su documental. Todavía no sabe si será proyectado al público camagüeyano. Quizás venga la paradoja de que sea exhibido en la Muestra de Nuevos Realizadores del próximo año, y nunca en Camagüey. Sin embargo, para mí la enseñanza no está en lo anecdótico, sino en ese impulso ejemplar que permitió que hoy el material exista, más allá de la incierta suerte que al final le espera. Y también en el hecho de que un grupo de personas nos sintiéramos convocados a hablar sin prejuicios de esa bella durmiente que es Camagüey (Juan Antonio García Borrero)

Related Entradas