Cine Club Universitario Primer Plano

Cine Clubes de Apreciación

Fecha de fundación: 1983

Institución auspiciadora: Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (Iscah)

Fundador: Pedro R. Noa Romero


CRÓNICA DE UN CINE CLUB UNIVERSITARIO

(A propósito de los 45 años de creada la Universidad Agropecuaria de La Habana “Fructuoso Rodríguez Pérez”)

Por Pedro R. Noa Romero

Capítulo I: Génesis

Eran los primeros años de la década del ochenta del siglo pasado. El Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (Iscah) – hoy Universidad Agropecuaria de La Habana “Fructuoso Rodríguez Pérez”- había cumplido apenas su primer lustro de fundado. En la educación universitaria cubana se iniciaba un nuevo experimento: la incorporación de la educación artística en los planes y programas de todas las carreras, ya fueran de ciencias, pedagógicas o humanísticas, con excepción de las especializadas en Letras y Arte.

Esta decisión ministerial permitió que se formaran grupos de profesores entendidos en las materias humanísticas y artísticas, como parte de los departamentos de actividades culturales en todos los centros a lo largo del país. El Iscah no fue una excepción.

Entre los años 1982, 1983, se comenzó a impartir la educación artística, la cual, en ese momento, tenía como componentes principales la historia de la cultura cubana, literatura y cine.

Ese periodo coincidió con un auge y organización del cine clubismo, atendido directamente por el Instituto cubano de arte e industria cinematográficos (Icaic), concretado en la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba, instituida en noviembre de 1984.

Todo este ambiente favorable permitió que, en el entonces Iscah, comenzara a funcionar también un cine club de apreciación en 1983, cuyas primeras funciones se produjeron en el mismo local donde radicaba el Departamento de actividades culturales, ubicado en las llamadas “áreas de facilidades temporales” (AFT), espacio recuperado de la prisión donde radicaban los presos que comenzaron la construcción del Instituto.

En aquellas naves, unas convertidas en aula, otras en departamentos, se hicieron los primeros encuentros del cine club, ayudado por un proyector de 16 mms y las copias en ese formato, que se alquilaban en el Icaic.

Aproximadamente en el segundo lustro del decenio, llegaron al centro universitario los primeros equipos de video cassette tipo beta. He escrito en otras ocasiones que ese artefacto impulsó grandemente el desarrollo de la apreciación cinematográfica en nuestro país, pues aumentó la variedad y calidad de las ofertas fílmicas.

Por otra parte, su escasa presencia en el área doméstica, hacía muy atractiva la exhibición de películas que no se podían encontrar en los circuitos de exhibición oficiales ni se presentaban en la televisión, en esos años con apenas dos canales y unas ocho horas de programación, en blanco y negro para casi todos los hogares.

La introducción del video cassette en las exhibiciones del cine club aumentó la asistencia de estudiantes a cada sesión. Ya en ese tiempo, se había hecho contacto con la Federación Nacional, tenía un nombre: Cine club universitario Primer Plano y un logo que lo identificaba, diseñado por Daniel Martínez Quintanal, responsable de casi toda la infografía de aquellos años isqueños, desde el Departamento de divulgación.

Estamos hablando de los finales de la década del ochenta. El cine club en ese entonces, comenzó a funcionar en el teatro condicionado dentro de AFT, al costado del Departamento de extensión universitaria (sede de los festivales de aficionados y las actividades culturales también), y se demoró un buen tiempo en que el proyector de 16 mms cediera completamente su espacio al nuevo medio de exhibición.

De ese periodo, creo que vale la pena recordar el homenaje que se le rindió a Santiago Álvarez por su 79 cumpleaños. Él visitó el Iscah, en compañía del secretario general de la Federación nacional de cine clubes: Mario Piedras, y compartió con los estudiantes asistentes después de la proyección de su documental ¡Gracias Santiago! (1984), exhibido en 16 mms. Esta última fue la primera de un grupo de actividades en homenaje al XXIX aniversario de la fundación del Icaic, las cuales se extendieron desde el 7 hasta el 28 de marzo de 1988.


Capítulo II: La sala de video de Ciencias Técnicas

Ahora mismo no soy capaz de precisar en qué fecha se comenzó a habilitar el nuevo edificio en el Iscah, bajo el nombre de Ciencias Técnicas. Hacia allí se fueron trasladando algunas aulas y se crearon otras áreas como el comedor, laboratorios, etc.

Su apertura le brindó al Instituto un aire de verdadera universidad, algo que no tenía en lo docente, porque las instalaciones inauguradas alrededor de 1976, donde radicaban, en aquel entonces, las oficinas principales (con la Rectoría incluida), y la residencia estudiantil, era frecuentemente alabada por los transeúntes que admiraban los edificios desde la autopista nacional y se preguntaban a qué hotel pertenecían aquellas edificaciones.

En el tercer piso del recién estrenado edificio de Ciencias Técnicas se creó una sala de video, equipada con un televisor a color y una casetera VHS. Su amueblamiento con sillas y cortinas en las paredes y los ventanales, más aire acondicionado, le daba un aspecto de confort.

El espacio tenía una función multivalente, pues servía para reuniones, conferencias y, por las noches, una vez a la semana, sesionaba el cine club.

La cercanía del edificio a la residencia estudiantil y las mejores condiciones para exhibir las películas programadas, aumentó el número de miembros, así como permitió una proyección mayor de sus actividades.

Entre los últimos años de la década del ochenta del siglo pasado y los inicios del primer lustro de los noventa, por aquel local desfilaron, por diferentes motivos, varias figuras del cine nacional y algunas personalidades importantes de Latinoamérica, quienes sin importarles “lo lejos” que estábamos de la capital, nos acompañaron. Las fotos no me dejarán mentir, muchas de ellas fueron hechas por miembros del propio cine club y reveladas en el estudio de fotografía que se creó en el Censa por ese tiempo.

De la filmografía nacional se sentaron en aquella sala y compartieron con los estudiantes de las carreras agropecuarias, el director Gerardo Chijona con su documental Ella vendía coquitos, una obra que pertenecía a la línea que estaba desarrollando el Icaic en esos años con un sesgo crítico sobre la sociedad cubana. Todavía Chijona no se había estrenado como director de largometrajes.

También tuvimos el gusto de conversar con Víctor Casaus y María Santucho. La visita estuvo vinculada con la obra de ella, quien había terminado un film sobre Carlos Valera: Una señal en el asfalto, y escrito el guion de No es tiempo de cigüeñas, dirigido por Mario Crespo, posiblemente uno de los primeros audiovisuales nacionales en abordar la maternidad en adolescentes.

Otro de los invitados del Cine club en ese periodo fue el actor Luís Alberto García, quien compartió con los asistentes sus experiencias en el cine; pero, sobre todo, su participación en el serial televisivo Día y noche.

De los invitados extranjeros, los dos más destacados fueron los actores argentinos Dora Baret y Luis Brandoni. Ambos habían coincidido en el Festival de La Habana de 1988 con una película cada uno: Baret protagonizaba Sofía (1987), de Alejandro Doria, y Brandoni estaba en Made in Argentina (1987), de Juan José Jusid; pero ellos habían sido la pareja estelar de Seré cualquier cosa; pero te quiero (1986), de Carlos Galettini. Eran los años del auge de la industria argentina que casi siempre traía los mejores títulos a la cita cinematográfica habanera.

Invitarlos y que aceptaran no fue difícil. Esos años el Festival se expandía por toda Cuba con múltiples sub sedes y allí tuvimos a dos de las figuras más importantes de Latinoamérica compartiendo con los cineclubistas y hablando de su carrera y, en especial, de Seré cualquier cosa…, única cinta de la que pudimos conseguir una copia en VHS.

Otros invitados fueron los productores de La Tigra (1990), de Camilo Luzuriaga, filme ecuatoriano, que llegó con muy buena promoción al Festival de 1990. Ellos tuvieron la gentileza de prestarnos una copia del filme, el cual se proyectó y debatió el mismo año en que se presentó dentro del evento habanero.


Capítulo III: Los Encuentros de cine clubes en el Iscah

El Cine club universitario Primer Plano fue coordinador y sede de tres encuentros. El primero se realizó los días 16 y 17 de marzo de 1990 en la sala de video del edificio de Ciencias técnicas como I Encuentro territorial de cine clubes universitarios de apreciación.

Una nota publicada en la página cultural del diario El habanero, titulada “Semilla de una nueva experiencia”, permite conocer qué ocurrió en aquellos dos días, en los que se reunieron cine clubes de Pinar del Río, La Habana, Ciudad de La Habana, Matanzas, y a la que acudió Gisela Gelabert en representación de la Dirección de Extensión Universitaria del Ministerio de Educación Superior, así como Mario Piedras, Secretario General de la Federación Nacional de Cine Clubes.

El objetivo principal de la reunión era el análisis de la situación de los Cine clubes universitarios dentro del movimiento de aficionados al séptimo arte.

Me parece oportuna una digresión para explicar que, dentro de la Federación Nacional, los colectivos miembros se agrupaban en creación y apreciación, a partir de la actividad a la que se dedicaban. Casi todos los afiliados a una universidad, formaban parte del segundo grupo.

Los otros puntos que se analizaron esos dos días fue la labor educativa que podían ejercer los colectivos cine clubísticos más allá de los predios universitarios, y la posibilidad de crear una asociación dentro de la Federación que agrupara a estudiantes, profesores y profesionales, pues en los estatutos de aquel momento solo podían ser miembros las personas agrupadas en un cine club, no de forma individual.

Otro aspecto que estuvo sobre el tapete fue la posibilidad de efectuar los estrenos de filmes nacionales en las universidades, dado el empuje y auge de estos centros a lo largo del país, lo cual contaba con la aceptación de muchos directores, quienes preferían el público universitario.

En los días que sesionó el cónclave, el Cine club organizó, en el lobby del tercer piso de Ciencias Técnicas, una pequeña Expo, muestra de las actividades que hasta ese momento había realizado.

El II Encuentro de Cine clubes, realizado entre el 17 y 19 de marzo de 1992, tuvo un vuelo mayor, porque no se limitó al encuentro, sino que funcionó como un evento científico con ponencias realizadas por estudiantes y profesores de diferentes universidades del país.

La sede no fue la sala de video de Ciencias Técnicas, sino un nuevo local, ubicado en la recién estrenada Casa estudiantil de la FEU, hacia donde se había trasladado el Departamento de actividades culturales.

Su objetivo era propiciar el estudio y análisis del cine cubano, así como motivar el intercambio de experiencias entre los Cine clubes. Se crearon dos comisiones: una dedicada a los estudios sobre la filmografía nacional, la otra encaminada a reconocer el mejor trabajo cineclubístico. Además, se entregaron dos premios en cada comisión, para distinguir los trabajos presentados por profesores o especialistas y el elaborado por un estudiante.

El jurado estuvo integrado por el investigador e historiador del cine cubano Raúl Rodríguez González, Mario Piedra y Enrique Pineda Barnet, quien tuvo la gentileza de leer, para el público presente un fragmento del guion de la película que estaba preparando en ese momento: Bolero rosa, proyecto frustrado que nunca pudo realizar.

En pleno periodo especial, las universidades tuvieron privilegios en cuanto a los cortes eléctricos, alimentación y transporte, lo cual patentó la decisión del Estado cubano de no tratar de perjudicar, en lo posible, ese nivel educativo. De ahí que un centro como el Iscah, relativamente cerca de la capital, fuera un buen espacio para estos encuentros, debido a que contaba con recursos logísticos para enfrentarlos.

Hubo un tercer encuentro. Se realizó en octubre de 1993. La razón fue el décimo aniversario. tuvo varias actividades; pero la más importante fue la reunión con aquellas personas que habían contribuido al desarrollo del Cine club. No conservo fotos de él, solo un papelógrafo, colocado en la exposición titulada “Una década de trabajo cineclubístico”, donde se pueden leer las opiniones y firmas de Pablo Ramos, Walfredo Piñera, Norma Martínez, Xiomara Blanco.


Capítulo IV: Labor extensionista

El trabajo del Cine club universitario Primer Plano no se quedó dentro de los límites del entonces Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (Iscah). Muy pronto sus actividades se extendieron hacia otros lugares de la provincia y, en especial, hacia San José de las Lajas.

Una de las primeras y de las más ambiciosas fue la organización de la exposición “Juego de imágenes”, en coordinación con el Departamento de dibujos animados del Icaic, realizada durante 1989, en la que estuvo presente su directora, Norma Martínez, el productor Aramís Acosta y otros creadores.

El amplio salón perteneciente entonces a la Dirección de Orientación Revolucionaria (D.O.R.) del PCC en San José de las Lajas (hoy Casa del Joven creador), se vio inundado con juguetes ópticos, escenografías a gran escala de animados nacionales y todo tipo de maquetas, construcciones. Fue una verdadera fiesta para los infantes lajeros, quienes asistieron masivamente a la inauguración, la cual incluía la exhibición de una muestra de obras.

Al año siguiente, 1990, como parte de las actividades del I Encuentro de Cine clubes (del cual hablamos en el segundo capítulo de esta crónica), la labor extensionista llegó al cine “Lajero”, situado en San José de las Lajas. Allí presentamos el largometraje Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988), basado en el cuento homónimo de Gabriel García Márquez, dirigido y protagonizado por Fernando Birri, director, en esa época, de la Escuela Internacional de cine y televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), quien estuvo presente en la actividad e intercambió con los asistentes.

La sala de proyección del cine “Lajero” recibió, gracias a la gestión promocional del cine club, a varios realizadores cubanos. Entre ellos Rolando Díaz, quien presentó allí La vida en rosa (1989), Sergio Giral con su María Antonia (1990), quien nos acompañó, junto al guionista del film Armando Dorrego.

La labor extensionista no se limitó a ponderar el trabajo cinematográfico, también le interesaba lo que estaba ocurriendo en la televisión por su poder de convocatoria y aceptación popular.

En 1992, en el lobby del propio cine “Lajero” se estuvieron realizando las peñas de la agrupación “Sangre de cóndor”, devenida posteriormente en el grupo “Visión”. Era un espacio donde se disfrutaba de la buena música, combinada con momentos de humor y otras variedades. Tuvo mucha acogida por el público en un momento en que apretaba el Periodo especial.

En coordinación con sus organizadores, llevamos a la peña al actor brasileño Sergio Mamberti (lamentablemente fallecido en setiembre de 2021), quien gozaba de amplia popularidad en Cuba en esos momentos, gracias a la transmisión de la telenovela Vale todo (1988-89), en la cual encarnaba al mayordomo Eugenio, muy bien recibido por la teleaudiencia nacional.

Mamberti estaba invitado al Festival de cine de La Habana, y al igual que había ocurrido con Brandoni y Dora Baret, no tuvo ningún reparo en aceptar la invitación y pasar una tarde- noche en San José de las Lajas con un largo apagón incluido, que retrasó la comida en el restaurant Pino alto y, por tanto, la demora del encuentro con los asistentes a la peña, quienes esperaron estoicamente.

Relacionada también con las telenovelas, fue el intercambio con una buena parte del elenco de El naranjo del patio (1992), dirigida por Xiomara Blanco. Una producción que se ha convertido en antológica dentro de la televisión nacional, no solo por el elenco reunido, la historia narrada, sino también por la misión social que cumplió en esos años duros. El suceso no ocurrió en el cine “Lajero”, sino en la sala de video del edificio de Ciencias Técnicas, sede de las funciones del Cine Club


Capítulo V (Final): Relación con otros Cine clubes. Concierto subterráneo

El Cine club universitario Primer Plano fue miembro pleno de la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba desde 1985. Desde sus inicios comenzó a establecer relaciones con diferentes colectivos cineclubísticos. Algunos ocurrieron en el Iscah, otros se produjeron fuera y permitió un estímulo importante para los estudiantes. A pesar de ser un cine club de apreciación, muy pronto pudimos intercambiar con distintas agrupaciones, fundamentalmente de creación.

Uno de los más frecuentes fue el Cine Club Sigma, proveniente de la Casa de Cultura de Plaza en La Habana, presidido por Tomás Piard. Con sus integrantes tuvimos varios intercambios en el Iscah y siempre fueron muy enriquecedores, porque era uno de los más sólidos en su labor de creación. El primer encuentro fue en el año 1988 como parte de la jornada de actividades que se programó durante marzo, con motivo al XXIX aniversario de la creación del ICAIC.

No obstante, el colectivo que siempre tuvo las puertas abiertas para nuestros miembros fue el Cine Club Cubanacán de Santa Clara y su presidente Miguel Secades.

Desde finales de los años ochenta y sobre todo los primeros de la década siguiente durante el siglo pasado, éramos asiduos al Festival de Invierno que organizaba ese colectivo. Gracias a la ayuda que nos brindaba la Dirección de Extensión Universitaria del centro, cada año podíamos seleccionar un grupo de estudiantes que, con sus pasajes comprados y una modesta dieta, se deleitaban con la capital villaclareña y veían muchas de las obras que estaban realizando los creadores aficionados del país invitados al certamen.

Y no solo fue Santa Clara. Otras provincias conocieron de nuestro trabajo y del entusiasmo de los alumnos y alumnas del Iscah, incluidos algunos becarios extranjeros que también formaron parte del grupo.

El reconocimiento que fuimos ganando con la Federación Nacional de Cine Clubes no solo se concretó en la pertenencia a su directiva, sino también en el apoyo que nos brindaron para los encuentros realizados en nuestra universidad, ya comentados en el capítulo III, así como en la organización de visitas de cine clubes extranjeros. En especial, una sesión de la reunión de Cine clubes de América Latina, que durante 1992 se efectuó en la Casa estudiantil de la Feu, como subsede de lo que estaba ocurriendo ese diciembre en La Habana.

Desde dentro del propio centro también se produjeron alianzas entre el cine club y agrupaciones de aficionados, quizás la más destacada fue la relación con el grupo espeleológico “J. F. Esper”, integrado por alumnos de diferentes facultades y miembros, casi todos, de Primer plano.

Fue una generación que arribó al Iscah en el segundo lustro de los ochenta con muchas potencialidades y sensibilidad por el arte, especialmente, por la fotografía. Una buena parte del registro gráfico que ha acompañado a estas crónicas se debe a ellos, en especial a Roberto Sánchez y Vladimir Rivera, estudiantes de Agronomía.

De esa afición por lo visual, las cuevas y el cine, nació un diapofonograma: Concierto subterráneo (1992), carta de presentación del cine club en varios de los festivales a los que asistimos.

Estaba conformado por diapositivas realizadas por ellos en sus expediciones a diferentes lugares de Cuba, a las cuales le agregamos una banda sonora, editada con música de archivo en los estudios de Radio Camoa. El orden de las imágenes, acompañada por la banda sonora, permitía admirar la belleza de los lugares fotografiados como un verdadero espectáculo audiovisual.

En 1995, me trasladé del Iscah hacia la Universidad de La Habana. Dejé atrás el Cine club que, felizmente, siguió funcionando- como todos los procesos artísticos- culturales- con sus altas y sus bajas.

Me sería de mucho placer que los que recogieron la adarga y han mantenido vivo el espíritu cineclubístico en la actual Universidad Agropecuaria de La Habana (Unah) continúen actualizando estas crónicas. Creo que ya tienen el camino desbrozado, pues estos escritos y su testimonio visual ya forman parte de la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (Endac), coordinado por Juan Antonio García Borrero.


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