En su libro Apostillas para una cronología del cine en Camagüey (1906-1940), el historiador Luciano Castillo afirma:
“Precisar la fecha exacta en que se efectuó por primera vez una función del Cinematógrafo Lumière en Camagüey, el nombre del local, su ubicación y el propietario, así como la persona que introdujo el invento de los hermanos Lumière y su nacionalidad resulta casi imposible ante la carencia de fuentes documentales y lo incompleto de los fondos existentes de la prensa de la época. Por razones análogas, no menos difícil es determinar cuál fue la primera sala cinematográfica construida en la localidad, la fecha de inauguración y el nombre del dueño, si bien se considera como tal el céntrico Salón Palatino, el más lejano de que se tienen noticias confiables”.
Sin embargo, esas lagunas documentales no impiden apreciar la temprana actividad cinematográfica presente en esta ciudad fundada en el año 1514 con el nombre de Santa María del Puerto del Príncipe, y que es la capital de la provincia ubicada en la parte más oriental del centro de Cuba.
Y si bien no lo conocemos todo, sí han quedado evidencias de lo singular de una recepción del cinematógrafo que propició el surgimiento de un espacio de debate organizado por el abogado Omelio Freyre en 1906, con el nombre de Club Cinegético, mucho antes de que el término “cine club” quedase acuñado internacionalmente en París gracias a Louis Delluc.
Asomarse a la cultura audiovisual de Camagüey es mucho más que pretender un relato donde aparezcan de modo sucesivo un origen, un desarrollo, y un desenlace. Como bien nos sugiere Luciano Castillo en su investigación, siempre nos faltarán datos que nos permitan establecer de un modo firme cómo comenzó todo.
En cambio, si apeláramos al concepto de cultura aportado por Clifford Geertz, entendido como “un sistema de concepciones heredadas y expresadas en formas simbólicas por medio del cual los hombres comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento y sus actitudes frente a la vida”, entonces podría entenderse mucho mejor los puentes simbólicos establecidos a través de las épocas entre aquellos individuos que en la primera mitad del siglo XX crearon sus espacios de socialización (los cine clubes, las salas de exhibición de películas, el imaginario de los públicos formados en el tránsito cotidiano de La Calle de los Cines) y los que en tiempos más recientes organizaron eventos como el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, El Almacén de la Imagen, el Festival Internacional de Video Arte, las Jornadas de Arte Cómic, o los Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, por mencionar algunas de las acciones contemporáneas donde la imagen en movimiento acompañada de sonidos y proyectada sobre alguna superficie tiene un papel protagónico.
Entonces, pensar la cultura audiovisual en Camagüey, siempre será mucho más que narrar un conjunto de historias compartimentadas, en tanto también aquí estaremos hablando de una red de significados donde los individuos constantemente intercambian roles y saberes, a partir de una tradición heredada, pero también de resistencias a esos legados, innovaciones, apropiaciones.
Preservar la memoria de la cultura audiovisual en Camagüey es una tarea esencial para comprender cómo el cine ha modelado las prácticas culturales, las identidades locales y las formas de relación social a lo largo del tiempo. Desde la perspectiva de la New Cinema History, el estudio del cine se desplaza del análisis exclusivo de las películas hacia la exploración de los modos en que éstas fueron producidas, distribuidas, exhibidas y recibidas en contextos concretos. Esta mirada histórica, atenta a lo cotidiano y a las experiencias de los públicos, permite reconstruir la red de significados que el cine ha tejido en la vida urbana y rural camagüeyana.
En una ciudad con una fuerte tradición cinematográfica —marcada por salas emblemáticas, festivales, cineclubes y archivos locales—, la memoria audiovisual no solo guarda imágenes, sino también rastros de sociabilidad, emociones y prácticas culturales compartidas. Documentar esas experiencias significa conservar la huella de cómo los camagüeyanos se encontraron en torno a la pantalla, cómo el cine influyó en las narrativas de modernidad y cómo se transformó su consumo a lo largo de las décadas.
Desde la propuesta de la New Cinema History, preservar la memoria audiovisual exige ir más allá del acopio de materiales fílmicos. Implica rescatar testimonios orales, registros de prensa, fotografías, programas de mano y documentos de gestión cultural, para comprender el entramado humano e institucional que dio vida al fenómeno cinematográfico en la región.
De este modo, la historia del audiovisual en Camagüey (entendido como un conjunto de procesos que involucran la producción, distribución, exhibición y formación de espectadores) se convierte en una herramienta de reflexión social y educativa, capaz de fortalecer el sentido de pertenencia y de inspirar nuevas políticas culturales orientadas a la conservación y difusión del patrimonio audiovisual.
