El siglo de las Luces

Año: 1992

País: Cuba, Francia, Ucrania

Género: Ficción

Formato: 35 mm

Tiempo: 120’ (versión para cine)

Color: Color

Productoras: ICAIC, SFR, FR3, La Sept; TV Española, Yalta Films

Dirección: Humberto Solás

Adaptación, guion y diálogos: Alba de Céspedes, Jean Cassies, Humberto Solás

Fotografía: Livio Delgado

Edición: Nicole Dedieu, Jean Pierre Roques

Asesor de montaje para la versión cinematográfica: Nelson Rodríguez Zurbarán

Música: José María Vitier

Sonido: Germinal Hernández, Jules Dantan, Joel Faure

Escenografía y vestuario: Guillermo Mediavilla, Calixto Manzanares, Gerard Roger, Boris Komjakov

Reparto: Jacqueline Arenal, Rustam Urazaev, Francois Dunoyer, Fréderic Pierrot, Aléxis Valdés, Miguel Gutiérrez, Omár Valdés, Philippe Caroit, Jean Franval, Elvira Valdés, Eric Deshors, André Julien, Francoise Audolient, Patrick Massian, Tito Junco, Mireya Chapman, Dagoberto Gaínza, Carlos Padrón, Vicente Revuelta, Bernardo Menéndez, Nicolas Silberg, Omar Alí, María Magdalena, Jean Yves Martínez


Sinopsis

En La Habana colonial del siglo XVIII, tres jóvenes aristócratas llamados Sofía, Carlos y Esteban, descubren la vida en una época plena de singulares acontecimientos. En ello es determinante la presencia de Víctor Hughes, comerciante marsellés radicado en Port-au-Prince, quien incorporará a los jóvenes las ideas del Iluminismo francés y la Revolución. Y es debido a este encuentro que se producirán múltiples peripecias, que nos conducen del París Jacobino a un Caribe que se trastornará con los ecos del derrumbe del anciene regime. Adaptación de la conocida novela de Alejo Carpentier.


Humberto Solás sobre el filme

 “La película es extremadamente difícil desde el punto de vista de la producción. Cuando se pretende llevar al cine todo el esplendor de las imágenes novelescas, las innumerables aventuras de sus personajes, las cuentas resultan muy frías. El problema radica en no atemorizarse con el libro, en no preocuparse por las comparaciones entre novela y filme que se puedan generar, o de lo contrario me paralizaría por completo. Sin dejar de ser fiel a la novela, creo que aportaré mi “traducción” personal, pues cada lector a la hora de concebir un ambiente o un personaje, ofrece interpretaciones no coincidentes con las que tenemos. Eso mismo va a pasar con la película y- es lamentable- algunos pasajes descritos por el autor, extraordinariamente rico en emociones y contenidos filosóficos, no los podré trasladar a la pantalla. En cuanto a los aspectos formales, la película mantendrá un movimiento ondulante, liberador, que rompa toda rigidez mediante desplazamientos constantes de la cámara; “un lujo” que reclama la novela con su perenne aire de paneo, de traslación, de circularidad en un tiempo que no crece y se devora a sí mismo. Pero esto no lo podría intentar si estuviera filmando todas las escenas en Francia, donde, a diferencia de Cuba, no pude utilizar a tiempo completo la grúa y los recursos técnicos apropiados. Por ejemplo, en territorio francés sólo empleé la grúa por cuatro horas, pues el precio de arrendamiento era tan alto que me habría visto forzado a retirar unos veinte extras a cambio de otras cuatro horas. Ahora más que nunca tengo clara conciencia de cómo el equipamiento técnico determina la estética de un filme y la conformación de un lenguaje ajustado a necesidades específicas. Cuando veo cine norteamericano, en muchas ocasiones me doy cuenta de que el supuesto “lenguaje moderno” (planos con telefoto sin movimiento de cámara) está determinado por los recursos económicos.

(…)

La experiencia social del siglo XVIII tiene una contemporaneidad extraordinaria. El siglo de las luces se ocupa de un momento en que la humanidad decide transformarlo todo y, por lo tanto, moviliza las fuerzas vivas no sólo en Francia, sino en el resto de Europa, y los ecos llegan a América Latina, al Caribe. Estamos ante acontecimientos históricos que posibilitan reflexionar seriamente sobre el vínculo, armónico o contradictorio, entre liberación social y comportamiento individual.

(…)

Víctor Hugues, Esteban, Sofía, Carlos, son personajes paradigmáticos de determinadas cualidades humanas que se ponen en juego -al rojo vivo- a raíz de las convulsiones sociales; en este caso, dentro de la apoteósica invasión de ideas que significaron el Iluminismo y la Revolución Francesa. Por eso, las opciones de búsqueda personal y las definiciones de cada uno de ellos adquieren un gran valor para mi contemporaneidad, como persona y como creador. Son existencias vinculadas, sincronizadas y desincronizadas a la vez, con la realidad social, lo que incita al análisis de la conducta individual tomando en cuenta los criterios, la filosofía y las necesidades de cada uno como ser humano.

(…)

Esta película establece con mi obra precedente una continuidad desde cualquier ángulo de apreciación, porque en definitiva propone un tema que me obsesiona desde siempre: la relación sociedad-individuo, hasta qué punto la evolución social frena, frustra o enriquece la vida de una persona. Me cuesta mucho trabajo hacer abstracciones del contexto y respeto a los autores que lo pueden hacer desde otras posturas: mi formación me obliga a concatenar estrechamente individualidad y circunstancias contextuales, Hombre e Historia, y El siglo de las Luces es un material que me brinda esa posibilidad de manera insuperable.

(…)

Siempre he admirado a Carpentier, Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, pero el momento de ruptura que anunciaron los años sesenta a nivel mundial tiene una particular presencia en el cine, que no fue a la zaga del proceso de liberación de formas, de acercamiento a nuevos contenidos, ejercitado por los escritores. En los sesenta, directores como Pier Paolo Pasolini, Miklos Jancsó, Godard, Glauber Rocha o Nelson Pereira Dos Santos estaban haciendo obras que, sin los fuertes ecos publicitarios del boom, provocaban la reflexión en los cineastas de mi generación sin tener que acudir necesariamente a la literatura. Claro, ambos procesos estaban sincronizados, pero para mí fue más relevante encontrarme con las nuevas tendencias cinematográficas.

(…)

Creo que la postmodernidad, como concepto, es un tanto ilusoria. En la historia del arte, siempre que las formas se estrechan, se hacen ortodoxas y las escuelas se encasillan en definiciones terminantes, sobrevienen las rupturas, que bien les llamemos cubismo, dadaísmo o surrealismo, son expresiones del barroco, que nunca podrá verse como un estilo cerrado, sino como la necesidad de liberación permanente. El movimiento propio del barroco que es la curva, un cierto temor a la línea recta, ya está señalando un anhelo de romper el escolasticismo de las formas. En arquitectura se ve claramente: el siglo XX, mediante las experiencias de Le Corbusier y Van del Rohe, halló la solución del racionalismo arquitectónico. Los primeros resultados eran cautivadores, pero al convertirse esto en una industria de la mímesis y la repetición, tenemos monstruosas consecuencias en las ciudades contemporáneas, que han perdido personalidad al implantarse universalmente determinadas normas de construcción. Deviene así la asfixia, el lugar común, el pleonasmo al infinito, y entonces reaparece el barroco con su aire de desenfado y locura, su necesaria irregularidad, su afán de destruir las formas secas y reiterativas, en un ciclo sin fin. Si la postmodernidad se entiende como una visión crítica e irónica del pasado o el presente, de hecho, debemos reconocer que existían ya un Godard, con Glauber Rocha. Siempre ha existido. Desde esa interpretación, Orson Welles fue un postmoderno, porque hizo trizas, con soluciones estéticas liberadoras, los esquemas tradicionales del cine norteamericano de los años cuarenta. Es decir, que resulta muy axiomática la definición de postmoderno, corriéndose el riesgo de caer en escolasticismos de nuevo tipo.

(…)

Lo barroco es la irrupción de lo nuevo cuando lo existente se convierte en caduco y decadente; pero hago la salvedad de que el concepto de decadencia es altamente cuestionable. El momento de la decadencia puede llegar a ser el esplendor de un estilo, la cristalización de las formas a un extremo paroxístico, cuando ya es imposible ir más lejos por los mismos caminos, con las mismas formas y estructuras de pensamiento.

(…)

El siglo de las luces, es la posibilidad única de hacer un filme que a la vez sirva de documento histórico y de sutil análisis de sicologías. Pocas veces en la literatura se ha dado un texto donde el ser humano aparezca tan complejamente imbricado en las redes de los acontecimientos. Es una Misa Mayor sobre la condición humana, sobre el destino de las ideologías y de las pasiones, sobre el ascenso, la decadencia y el reconocimiento de la voluntad de los pueblos”


Livio Delgado sobre la fotografía

El siglo de las luces es mi única película, no puedo recordar las otras. Dispusimos de ciento veinte mil metros de filme para rodar y mientras estábamos en Cuba salía a las cinco de la mañana a trabajar agotadoramente, así que había que hacerlo bien, aunque sólo fuera por eso. Retrato de Teresa es una película que quiero mucho, hecha con amor y eso se ve en la pantalla; fue como una bola de cristal que decía el futuro. Pero me gusta la complejidad, soy un tipo barroco en cuanto a manera de pensar. Este era un proyecto que acarició Solás toda la vida, una novela extraordinaria cuya versión cinematográfica y presupuesto eran absolutamente inusuales en nuestro cine. En el libro están los fundamentos de toda la cultura cubana que empieza. Leí el guion una vez y tuve que repetir la lectura para “digerirlo”. Pasó el tiempo, volví sobre la historia a la hora de filmarla y no paraba de preguntarme: y cómo se lleva a la pantalla toda esta grandilocuencia operática. (…) Decía que me gusta la complejidad, sobre todo la de combinar las luces. Siento un infinito respeto por Solás a quien me siento obligado a ascender. Entre nosotros no hay rigideces y apenas hablamos mientras se hace la película. No existen grandes explicaciones ni discusiones, es como automático, yo sé el modo en que él ve las cosas, y sobre eso radica la unidad. No sé ni me interesa reproducir la luz natural; es demasiado fácil. Quiero recrearla, construir una atmósfera. Por ejemplo, tomar esa Plaza de la Catedral, que tantas veces hemos filmado, con las mismas dos cámaras, el mismo negativo y después descubrir en la copia que se puede cambiar incluso el color que supuestamente tenía el siglo pasado. La cámara enfatiza, les pone comillas a las escenas. No entiendo a quienes no bajan la cámara del trípode. Aunque se resientan los demás, hay que decirlo: Humberto sabe de todo. En la sastrería de Cecilia fue él quien decidió el emplazamiento de las luces y lo hizo a la perfección. Con él confío en los resultados y El siglo de las luces fue una continuidad del aprendizaje que inicié en Cecilia, aunque todo fuera más rápido y mejor programado en la última experiencia que tuvimos juntos. Cada película es distinta porque significa empezar otra vez y los fotógrafos en Cuba no fuimos a ninguna escuela, aprendimos inventando y viendo lo que hacían otros. Fue un aprendizaje lento, pero aquí contamos con, al menos, siete fotógrafos excelentes, rápidos, de muy alto nivel profesional que podrían trabajar en cualquier lugar del mundo. (…) Poner en el set y después recoger en película algo al nivel de El siglo de las luces es como hacer el amor por primera vez a la mujer que adoras, como la emoción y adrenalina que acompañan al corredor de cien metros planos y al cirujano que opera por primera vez. La importancia histórica del tema y de la novela, la calidad del proyecto y de los implicados, me hizo asumirla como un reto, un reto lleno de emoción que compartimos el artista, el atleta y el cirujano”.


Premio

Premio a la mejor fotografía (Livio Delgado) en Festival de Gramado, Brasil (1993).


Bibliografía

Rufo Caballero, Joel del Río. No hay cine adulto sin herejía sistemática. Revista Temas 3; Jul-Sept ’95, p 111.

Rufo Caballero. Implosión en la catedral. Cine Cubano Nro. 141, p 78. 79 (Panorámica de la obra de Solás).

Rufo Caballero. Luces al sur de la frontera. Juventud Rebelde 6 Diciembre 1992, p 7 (Comentario)

Pedro de la Hoz. Concierto de las luces. Granma 9 Dic’92, p 7 (Sobre un concierto de Sergio Vitier con su música para el filme)

Rolando Pérez Betancourt. El siglo de las luces. Granma 3 Dic’92, p 6 (Crítica)

Roxana Pollo. El siglo de Humberto Solás. Granma 5 Sept ’90, p 5 (Declaraciones del director)

Roxana Pollo. Esta es una película sin trucos. Granma 5 Dic’92, p 8 (Declaraciones del director)

Roxana Pollo. Antes que termine el siglo. Granma 19 Mar’91, p 4 (Declaraciones del director)

Roxana Pollo. El viacrucis del nuevo Esteban. Granma 9 May’91, p 4

Joel del Río, Joel. Más largo, mejor. Juventud Rebelde 19 Nov ’95, p 13 (Comentario)

Joel del Río. Luces pertinaces de un siglo. JR 28 May ’95, p9 (Crítica)

Azucena Isabel. Universales sin tiempo. Sofía y Esteban se lanzan a luchar. B 87 (12): 61; 9 jun. ’95.

Valdés Pérez, Enrique. Jacqueline Arenal. Siempre será actriz. B (13): 56-57; 29 mar. ’91 (Entrevista con la actriz).

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