FAMCA

Autor: Gustavo Arcos

La Facultad de Arte de los medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) fue creada en 1988. Por aquellos años el panorama cinematográfico del país sufría radicales transformaciones. La aparición del video como soporte y la entrada al país de nuevas tecnologías asociadas a él, potenciaban la creencia de que el cine era una posibilidad real y tangible para muchos. Contar una historia, expresarse a través de las imágenes pareció entonces no una quimera, sino un viejo sueño hecho realidad.

Hasta esa fecha, la formación profesional de nuestros cineastas o técnicos estaba montada esencialmente sobre una visión pragmática, que legitimaba la práctica como actitud creadora. Hacer cine era un acto de fe, un modo de sentir el mundo y también de mejorarlo. La experiencia y la sabiduría llegaban solo a través del ejercicio, rodar ya era una forma de aprender y aunque la industria instrumentó cursos y talleres de formación profesional, nunca llegó a materializarse la idea de crear una Escuela de Cine hasta ya entrado los años ochenta. Primero fue la Fundación de Cine Latinoamericano, después la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y finalmente, aunque casi en la misma época, la FAMCA que se ubicaba docente y administrativamente dentro del Instituto Superior de Arte.

En sus primeros diez años, esta Facultad llevó el nombre de Escuela de Cine, Radio y Televisión, abierta solo para personas con experiencia en los medios. Pero la extraordinaria expansión de la creación audiovisual generada con las nuevas tecnologías, propició la apertura en 2001 de los cursos regulares en la FAMCA, habilitados para todos aquellos que tuvieran el talento o las cualidades especiales para entrar en sus predios y recibir una formación completa, que mezclara razonablemente la teoría con la práctica y les permitiera tras cinco años de estudios, realizar obras de cualquier género dentro de la nueva cartografía audiovisual de la nación.

Así, la inmensa mayoría de las películas o materiales filmados en el país en los últimos diez años, que han obtenido premios, aplausos y reconocimientos de la crítica, provienen de corrientes alternativas o que se mueven en la periferia de la industria. Ahí están, para citar solo los más laureados entre los de la FAMCA: Video de familia, Habaneceres, Dos hermanos, Las manos y el ángel, deMoler, Motos, Buscándote Habana, El grito, Model Town, 72 horas, Rara Avis, Zona de silencio, Raza, La bestia, Trovador, La bala, Tacones cercanos y Close Up.

Llama la atención también cómo la existencia de la FAMCA ha posibilitado que talentosos jóvenes de todos los rincones de la Isla puedan integrarse a ese nuevo mapa audiovisual y dentro de él habría que apuntar la mayoritaria presencia de mujeres en sus cursos, egresadas de dirección y fotografía, especialidades que por décadas y criterios reduccionistas le resultaron esquivas.

Nombres como los de Tomás Piard, Ernesto Fundora, Rudy Mora, Orlando Cruzata, Humberto Padrón, Esteban Insausti, Marilyn Solaya, Tamara Morales, Alejandro Ramírez Anderson, Inti Herrera, Luis Najmías Jr, Jessica Rodríguez, Juan Carlos Travieso, Lester Hamlet, Alina Rodríguez, Roly Peña o Ian Padrón son solo unos pocos de los cientos que se han graduado o cursado estudios en ella. Valgan sus obras y este reconocimiento que les brinda el Festival como Muestra de la extraordinaria voluntad creadora de los que, profesores o alumnos, han sabido alzarse cada día y durante dos décadas para conjurar el olvido.


Fuente:

Gustavo Arcos. Un acto de Fe. Publicado en el Catálogo del 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, 2010)

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