Memorias del subdesarrollo

Los actores Sergio Corrieri y Omar Valdés en Memorias del subdesarrollo

Año: 1968

País: Cuba

Género: Ficción

Formato: 35 mm

Tiempo: 98’

Color: Blanco y negro

Productora: ICAIC

Producción: Miguel Mendoza

Dirección: Tomás Gutiérrez Alea

Guión: Tomás Gutiérrez Alea, Edmundo Desnoes, basado en la novela homónima de Edmundo Desnoes

Fotografía: Ramón F. Suárez

Operadores de cámara: Ramón F. Suárez, Rodolfo López

Ilusminación: Enrique González

Escenografía: Julio Matilla

Música: Leo Brouwer

Edición: Nelson Rodríguez

Sonido: Eugenio Vesa

Mezcla: Carlos Fernández, Germinal Hernández

Intérpretes musicales: Yolanda Farr, Celia Quiñones, Eulalia González

Asistencia de dirección: Ingerborg Holt Seeland, Jesús Hernández

Reparto: Sergio Corrieri (Sergio), Daisy Granados (Elena), Eslinda Núñez (Noemí), Omar Valdés (Pablo), René de la Cruz (Hermano de Elena), Beatriz Ponchora (Hanna), Yolanda Farr (Laura), Ofelia González (Madre de Elena), José Gil Abad (Padre de Elena), Gilda Hernández (Madre de Sergio), Manuel Pereiro (Padre León), Eduardo Casado Revuelta (Sergio joven), Rafael Sosa (Chapista), Julio Vega (Padre de Sergio), Fausto Pinelo (Fausto), Tomás Gutiérrez Alea (el Director), Marlen Acosta (Esther), Vicente Revuelta (Padre), René Villarreal (Guía)// Escritores: Gianne Toti, Edmundo Desnoes, René Depestre, David Viñas, Salvador Bueno


Sinopsis

Sergio es un burgués que decide permanecer en Cuba mientras su genteamigos, padres y hasta su propia mujer- abandonan la Revolución. Sergio se queda solo –vive de una mensualidad que recibe por sus propiedades nacionalizadas- y mata el tiempo escribiendo sus memorias, buscándole sentido a la vida. La Revolución se convierte en un reto: trata de analizarla, entenderla o ponerle sus valores burgueses. Cuando la soledad está a punto de ahogarlo, se lanza a la calle, va descubriendo cómo cambia la ciudad de La Habana, cómo se desploma su mundo y surgen a su lado los valores, las actividades, hasta un nuevo vocabulario de la Revolución.


Tomás Gutiérrez Alea sobre el filme

Tomás Gutiérrez Alea dirige a Daisy Granados

“La novela contiene impresiones subjetivas de un intelectual diletante que permanece en Cuba después del triunfo de la Revolución. Se queda para observar, al margen de cualquier participación, los acontecimientos de la nueva realidad con una actitud irónica y crítica frente a estos. ¿Cómo llevar al cine ese tema? Desde el comienzo del trabajo estuvimos de acuerdo en que había que mantener, por un lado, el punto de vista subjetivo del personaje, pero ubicarlo constantemente dentro de la realidad, tratando de verlo desde nuestro punto de vista; es decir, con relativa objetividad. (…) No es una película que critica desde afuera, como el personaje. La crítica que nosotros hacemos nos compromete porque estamos dentro, por lo tanto es en buena medida una autocrítica, que va dirigida a un espectador a quien queremos inquietar para que asuma esa misma actitud. El trabajo en sí fue muy fluído, aparecieron cosas nuevas que después Desnoes reescribió como capítulos e incorporó a la novela. Hay también algunas ideas que yo tenía desde hacía mucho tiempo anotadas en papelitos, estaba loco por ponerlas en algún filme sin saber en cuál. De repente me doy cuenta que aquí está la oportunidad. Eso es una gran felicidad.

(…)

La película no es un reflejo exacto del guión que escribimos. Teníamos escenas desarrolladas al máximo, otras que estaban sólo apuntadas en líneas generales; pero lo más importante es que teníamos una estructura abierta con escenas que podíamos manejar, quitar, agregar. Eso también permite que se siga trabajando en el guión durante el rodaje y el montaje. (…) Me decidí a hacer esta película con alto grado de complejidad, donde se plantean cosas tan sutiles que se corría el riesgo que no fueran comprendidas por el gran público, porque La muerte de un burócrata había sido un gran éxito y me daba crédito para un riesgo de esa naturaleza. Fue bueno porque la audacia se vio gratificada, la recepción del público fue mejor que lo que se esperaba y mucha gente la vio varias veces. Creo que eso fue porque el filme sembraba la inquietud que yo quería y era necesario encontrar otros datos en él. Eso me gusta porque me resultó revelador e hizo que reflexionara más sobre ese trabajo y le encontrara valores, en el plano de la comunicación, que no había previsto.

(…)

Hay una raza especial de gente con la que tenemos que convivir, con la que tenemos que contar, para nuestro disgusto cotidiano, en esto de construir la nueva sociedad. Son los que se creen depositarios únicos del legado revolucionario; los que saben cuál es la moral socialista y han institucionalizado la mediocridad y el provincialismo; los burócratas ( con o sin buró); los que conocen el alma del pueblo y hablan de él como si fuera un niño muy prometedor del que se puede esperar mucho, pero al que hay que conocer muy bien, etcétera (y nos parece estarlos viendo, con el brazo protector por encima de los hombros de ese niño); son los mismos que nos dicen cómo tenemos que hablarle al pueblo, cómo tenemos que vestirnos y cómo tenemos que pelarnos; saben lo que se puede mostrar y lo que no, porque el pueblo no está maduro todavía para conocer la verdad; se avergüenzan de nuestro atraso y tienen complejo de inferioridad nacional.

(…)

El Che dijo una vez: “¿Por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida?”. Reivindico para Memorias del subdesarrollo la condición de un cine partidista y militante dentro de la Revolución, porque complejiza la apreciación sobre nuestra realidad en la medida que provoca en el espectador una necesidad de pensarla y cuestionarla, al mismo tiempo que se piensa y cuestiona el mismo. Esa mecánica generó malentendidos y hubo gente que decía “¿Por qué una película con un antihéroe, un pequeño burgués que se desmorona ante los ojos del espectador?, ¿qué tiene que ver con la Revolución?. Claro que tiene que ver, porque a través de ese antihéroe comienzan a revelarse una serie de rasgos que aún permanecen en nosotros y que pertenecen al pasado. Esa revelación se produce con la identificación que se hace con ese hombre que se va desmoronando ante nosotros, inmerso en una realidad que está naciendo. Esa contradicción es lo más positivo del filme. Por eso es que lo considero un filme militante, sin la necesidad de la etiqueta del realismo socialista”.


Edmundo Desnoes sobre el guión

Memorias del subdesarrollo es un relato en primera persona del fracaso de la mentalidad burguesa. El protagonista es un sitriquillado culto e inteligente que siempre quiso ser escritor y que al quedar nacionalizado su negocio e irse su mujer y sus padres para Estados Unidos, decide llevar un diario íntimo y corregir una serie de cuentos – que aparecen al final del libro- escritos en sus ratos de ocio.”


Sergio Corrieri sobre su actuación

“Con Memorias del subdesarrollo dejé de ser el estudiante, el muchacho bueno de las películas anteriores y me convertí en un intelectual complejo. Esta película significó mucho para mí en el plano profesional. La obra en sí misma constituye, a mi juicio, un salto de madurez para nuestro cine. Esto se aprecia en la profundidad y concreción del libreto, en el lenguaje cinematográfico que se utilizó.

Todavía la veo hoy, distanciado en el tiempo, y en los vínculos afectivos, y la disfruto ampliamente como espectador. A lo largo del tiempo he recibido dentro y fuera de Cuba, muchísimas opiniones acerca de Memorias del subdesarrollo y por supuesto de ese ‘Sergio’. En las giras que he realizado junto al grupo Escambray, luego de tantos años de haberse estrenado esta película, he tenido que hablar sobre ambos en Universidades y centro de arte de Estados Unidos, República Federal Alemana, Suecia, Dinamarca, etc, cuando el motivo de nuestro viaje nada tenía que ver con el filme.

Memorias… es leída, interpretada por el público de muy diferentes realidades. Eso me hace pensar que su lenguaje adquiere formas universales. El conflicto de ese ‘Sergio’ igual que a un cubano, le puede pertenecer a un individuo de otra nacionalidad. Sin embargo, para el espectador cubano no pasan inadvertidos los diversos subtemas y las alusiones que abundan en el filme. La historia que se narra es contemporánea, le es afín. Además, como está tan bien realizada, le resulta auténtica.

(…)

Me costó mucho trabajo. ‘Sergio’ posee una individualidad que nada tiene que ver conmigo. Como ser social lo rechazo. Resultó un reto que yo acepté con gusto y ni entonces ni ahora me pesa haberlo hecho”.


Comentario crítico

¿Cuáles rasgos determinan todavía que una cinta como Memorias del subdesarrollo consiga la universalidad partiendo de ese conflicto aparentemente tan local, aparentemente tan de este Tercer Mundo? En primer término, Memorias del subdesarrollo es, como lo hubiera querido Borges, una película de esencias más que de referencias externas, y esto es lo que permite calcularla, junto a Lucía y La primera carga al machete, como uno de los ejemplos más felices de cubanía en cualquiera de nuestras expresiones artísticas y en cualquier época. Y aunque algunas de las claves para su mejor glosa ya fueron sugeridas por el propio realizador en su artículo “Memorias de Memorias”, la riqueza del filme y el encaramiento a un espectador con un horizonte de expectativas diverso al de los sesenta, ha posibilitado la redimensión de su lectura a niveles a veces insospechados.

De manera que, además de lo que ya se ha dicho, en Memorias del subdesarrollo pudiera apreciarse también el paradigma virtuoso de las películas que examinan las consecuencias trágicas del exilio. Si como nos enseñó alguna vez Virgilio Piñera, el exilio puede ser exterior o interior, Memorias del subdesarrollo es entonces la desgarradora historia de aquellos que pagan de manera adversa, las secuelas de una renuncia voluntaria al espacio (y al tiempo) que lo ha de nutrir.

Y si bien las escenas inaugurales, aquellas en las que se informa sobre la partida de los familiares de Sergio, devienen ejemplares por la economía de recursos de la que se hace gala (no hay palabras, solo gestos) y sin embargo la efectividad del clima que se logra, es la propia actitud del demofóbico protagonista, la que de manera más intensa descubre las severas cuotas del desgarramiento que significa el ostracismo, tragicidad que Alea se encarga de enfatizar (a ratos de manera involuntaria) con recursos como los del telescopio, ciertamente clave para magnificar la dolorosa distancia que el protagonista guarda de la realidad, o lo que es igual, de la vida. (Juan Antonio García Borrero)

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