Nadie es perfecto

Autor: Rufo Caballero

Editorial: Editorial Arte y Literatura, Ediciones ICAIC

Año: 2010

Edición: Yoel Manuel L. Vázquez

Composición: Ofelia Gavilán Pedroso

Cubierta: Axel Rodríguez García

Imagen de cubierta: Fotograma de No es país para viejos

Páginas: 485


Palabras de contracubierta

Siempre que leo las argumentaciones de Rufo Caballero me doy cuenta de cuán proteica puede ser su personalidad creativa, observada –habría de entenderse siempre así- como un compuesto de lucidez emocional, sagacidad analítica y comunicabilidad movilizadora.

Si algo, además del cine, sirve para unificar los textos que conforman Nadie es perfecto, tendríamos que pensar de inmediato en la limpieza –de la mirada, del juicio, del entusiasmo- con que Rufo se aproxima a la formidable tentación de compartir la experiencia de lo bello, de lo singular y de lo que, en el territorio del arte, puede resultar conmovedor. ¿Cómo festejar estos textos, cómo tolerarlos, cómo disentir de ellos?

Con el agradecimiento que inspira la complacencia desde donde fueron escritos y la pasión que subyace en el remolino de sus ideas. Rufo Caballero, un Maestro como si tal cosa, ya se ha hecho diverso. No teme al trastorno de la complejidad: huye siempre de los esquemas. Ama la sinceridad del laberinto, y después lo explica, para que nos paseemos por sus corredores. Hace lo que haría un auténtico humanista: condenar la mezquindad, subrayar la grandeza, revelar el misterio” (Alberto Garrandés)

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