Pon tu pensamiento en mí

Año: 1995

Género: Ficción

Formato: 35 mm

Tiempo: 85’

Color: Color

Productora: ICAIC

Dirección: Arturo Sotto

Guión: Arturo Sotto, Juan Iglesias

Fotografía: Raúl Pérez Ureta

Edición: Osvaldo Donatien

Música: Ulises Hernández

Sonido: Javier Figueroa

Dirección de arte: Erick Grass

Reparto: Fernando Hechavarría, Susana Pérez, José Antonio Rodríguez, Rolando Tajarano, Mónica Martínez, Jorge Ryan, Luis Alberto García, Rogelio Blaín, Aramís Delgado, Jorge Félix Alí, Carlos Acosta, Roberto Beltrán, Pedro Pablo Astorga


Sinopsis

Un actor sobre un escenario hace aparentes milagros. El pueblo dice que es el nuevo Cristo, él lo niega. El pueblo necesita algo en qué creer…


Declaraciones del realizador Arturo Sotto

“Un día comencé a ver que las imágenes que tenía en mi mente no cabían en el teatro y me decidí por el séptimo arte. Había hecho algunas cosas en vídeo, con anterioridad. Talco para lo negro fue mi tesis de graduación en la Escuela Internacional de Cine, ganó el premio al mejor corto en el XIV Festival de Cine Latinoamericano. En el festival del año siguiente obtuve mención especial única con el guión de Pon tu pensamiento en mí.

(…)

El ciudadano Kane sigue siendo la película más moderna del cine mundial, algo impresionante sabiendo que fue hecha en 1941. Pon tu pensamiento en mí tiene total influencia de este filme, incluso la secuencia del discurso de Jesús con el poster del Sagrado corazón es una referencia clara a El ciudadano Kane.

(…)

Fellini es un gran director y es un hombre que tiene esa fantasía y la imaginación que yo busco. Las artes en general no buscan el reflejo directo de la realidad, incluso la realidad en ocasiones es más fantasiosa que el arte. Siempre trataré de hacer cine con esa locura fascinante que tiene Fellini.

(…)

Pon tu pensamiento en mi tiene su reflexión propia, así como la de cada espectador. La necesidad de la gente de construir sus mitos, de creer en algo es histórica.

(…)

Yo quiero dar un poco de fantasía, que vean un cine con otra estructura, con otras imágenes. Nunca quise que hubiera en escena una palma real, que apareciera un sol cubano de las doce del día. Aunque las calles son habaneras están diseñadas de un modo que pueda ser cualquier lugar.

(…)

Intento encontrar un punto intermedio en el cine de reflexión sin que el espectador se vaya de la sala. No es el cine culto típico. Quiero que el público ría y piense, por eso a veces doy elementos que lo entretengan sin dejar de reflexionar. Esto en lo que a estructura se refiere. En contenido, este personaje puede ser un Cristo que no teme bañarse con gente enferma en la playa y luego un tipo que dice palabras vulgares y ofensivas. Esto de cierto modo lo humaniza.

(…)

He tratado de desarrollar el tema de los mitos en la sociedad. Cómo se construyen estos y cómo se manipulan. A veces pienso que el hombre pierde la fe en sí mismo, en su propia capacidad de transformación. Entonces busca a alguien en quien creer: una persona que le resuelva sus problemas, ya sean los padres, convertidos en santos, el dios de alguna religión o el presidente de la República.

(…)

Hay continuos juegos de referencias culturales en el lenguaje y también alusiones a figuras míticas, ya sea Marat, John Lennon, el Che o Lenin. Traté de establecer una línea orgánica, de modo que el espectador pueda seguirla, aunque no tenga esas referencias anteriores o no descubra los códigos. Habría dos niveles de apreciación válidos.

(…)

Vivimos tiempos de saturación, de excesos, de consumo irracional, de masificación del pensamiento. Las épocas van quemando sus palacios y arrastran con las cenizas sus principios y sus mártires. El proceso de desmitificación sólo persigue la construcción de nuevos ídolos: los pueblos no pueden quedar desamparados, “siempre necesitan de alguien que piense por ellos”. La religión, el arte y la política son industrias, inmensas panaderías kafkianas donde entran los hombres a cambiarse las orejas, a transformarse en mitos: afuera los espera la gente para vestirlos de leyendas, misterios y dignas muertes. El cine, como el resto de las artes, desenmascara el proceso, lo descubre: digamos, aquel viejo cine que se preocupaba por el hombre, que filosofaba y obligaba al espectador a acercarse a la pantalla. Hay otro cine que, por desgracia o por variedad, forma parte de los homos, de la industria, que, como mucha televisión, adormece y engorda. La cuestión es buscar un punto intermedio, donde puedas movilizar ideas sin que te rechacen, sin que pesen sobre ti los sellos de la incomprensión o por el contrario el público quede en una contemplación irónica y divertida de una realidad que no se atreve a transformar. El riesgo y las búsquedas siguen estando en el lenguaje. El espectador se cansa de estar dormido, pero hay que tener cuidado del modo en que se le despierta, porque es como un niño.

(…)

Confieso no haber visto Jesús de Montreal. No soy insecto de Cinemateca, tengo muy mala memoria (quizás fragmentada y subdesarrollada), olvido nombres de directores, títulos y protagonistas: sin embargo, no puedo apartar de mí la sensación que deja un plano, un movimiento de cámara, un sonido o un espacio. Por decirlo de otro modo, conservo en mi interior secuencias cinematográficas de las que no podría identificar el origen. Los fantasmas son literalmente fantasmas que en ocasiones logro exorcizar en una nueva figura, en un nuevo significado. No busco los filmes para estar informado; dejo por el contrario que ellos me lleguen, como los buenos libros, como los buenos o malos amores.

(…)

Te puede funcionar o no, más te aseguro que la fotografía busca una intencionalidad crítica, eso que tú llamas “un diseño amable y hedonista”: incluso aspira a ser en muchos casos evidentemente kitsch, típica de la repugnante publicidad. Este principio paradójico rigió toda la concepción del filme.

(…)

Abstracción, extrañamiento, viaje, libertad creadora, o incluso divertimento cinematográfico, cualquiera de esos términos calzaría la película. Recuerda lo que se dice en una especie de Biblia del Cine, capítulo La pasión según Fellini: “a veces una película que prescinde de las más visibles referencias a una realidad histórico-política, representa, casi en figuras míticas, el contraste de los sentimientos contemporáneos, y puede resultar incluso mucho más realista que otra que se refiera a una realidad concreta que esté en estudio. Pon tu pensamiento en mí intenta humildemente acercarse a ese juicio, valiéndose para ello de su peregrinación en el tiempo. Pretendemos provocar una reflexión sobre eso que tú nombras “la compleja empatía mito-masas” añadiéndole la intervención de los medios, como el poder oculto que cataliza el proceso. Los resultados están por verse, pues, para bien o para mal, las respuestas en arte casi siempre levitan, precisamente, en el tiempo” (Arturo Sotto)


Declaraciones del director de fotografía Raúl Pérez Ureta

“En Pon tu pensamiento en mí hay gente que piensa con honestidad que la fotografía es equivocada. Nosotros trabajamos para que fuera la correcta. Es un riesgo. Y también implica un problema de conciencia, porque no se puede imitar a Hollywood. En verdad, en nuestro medio hay que intentar la comunicación a través de las audacias estéticas por encima de las tecnológicas.

(…)

Yo he tenido la suerte de trabajar con buenos directores de arte en varias de mis películas. El director y el fotógrafo son los que buscan el estilo de la película y luego, a partir de ese criterio, comienza a trabajar el director de arte, que te dice cómo iluminar una pared. En Pon tu pensamiento en mí tratamos de hacer una cosa que todavía me parece fascinante. O sea, buscamos durante cuatro meses todo tipo de información, porque se trata de una película verdaderamente compleja, donde al principio hay un tono medieval, luego algo del teatro de Moliére y, por último, un tono eminentemente simbólico que uno asocia a los mitos, y a todo lo que esto conlleva., no sólo a la mitología cubana de nuestros líderes, que existe, sino la universal, como cuando Jesús hace su discurso con el poster detrás y uno piensa de manera inevitable en El ciudadano Kane.

(…)

Muchos directores de fotografía hacen estudios preliminares de color. Yo no tengo capacidad de memoria. Yo hago un guión técnico. Hago estudios de atmósfera, de color, luego un guión técnico donde contemplo el movimiento de la cámara, también un storyboard… Yo dibujo cómo se mueve cada personaje y hago el planteamiento de la iluminación principal. Hay ocasiones en que tú piensas que harás una determinada iluminación y tienes que modificar la idea. Pero es importante llegar al set con algo planificado, no improvisar.”


Declaraciones del director de arte Erick Grass

“En mi caso, Pon tu pensamiento en mí fue un ejercicio técnico más que nada. Yo provenía de la ópera, que es a mi juicio la expresión más cercana al cine, y esta película me permitía de algún modo la prolongación de la experiencia, por la forma operática de enfocar la vida.

Comencé a trabajar en el proyecto mucho antes de que le dieran la aprobación a Arturo. Hice, por ejemplo, una pre-filmación mediante la cual pude entregar un diseño de vestuario que más tarde Arturo utilizó en la conformación final de los personajes. Ese diseño lo hice sin tener la menor idea de cuáles iban a ser los intérpretes; guiándome sólo por el guión.

En realidad, esta no fue una producción de muchos recursos, pero me permitió trabajar con mucha libertad creadora. Para mí ha sido una sorpresa comprobar la acogida más bien favorable que ha tenido este aspecto técnico entre los críticos, aunque a veces pienso que esta misma dirección artística la lastra. Lejos de alegrarme me preocupa, porque en realidad la historia debiera ser lo más importante


Críticas

“(…) A niveles artísticos, Pon tu pensamiento en mí tiene la hondura de un ensayo de sicología social, pues deconstruye la procesión del culto y del mito, sus resortes idealizadores y sus móviles esenciales; del mismo modo que se interna en los poderes de emancipación, francamente subversivos, que asisten al arte y a la magia. Por cierto, de una manera bastante ramplona, esta película ha sido comparada con Jesús de Montreal, aquel estimulante filme naif, pero aquí todo es más elaborado, digamos esa suerte de perenne ubicuidad temporal, gracias a la cual los escribas, antiguos intérpretes de la ley entre los hebreos y los egipcios, se erigen en metáforas de las instancias culturales y los accionadores de poder del presente siglo (el funcionario, el escritor de convenio, el guionista).

Justamente en el sabio manejo de un tiempo suprahistórico el filme tiene su mayor virtud: el procedimiento es algo así como una eternización del pasado y una secularización de la contemporaneidad, donde la Historia se confunde como un mito más. En tal sentido, la cinta deviene sesudo retrato de las maniobras del poder y un agudo análisis de la manipulación de la cultura, el saber, la trasmisión del conocimiento y, en definitiva, de la vida. Pero todo se dice como un juego. Y en efecto, se trata de un inmenso juego intertextual en el que los planos de la narración dialogan y se mezclan constantemente. A través de la apariencia lúdicra, el filme “se cubre”, elude la aridez del ensayo puro y viste la frescura de la fábula.

(…)

Por lo pronto es de estimar este pensamiento que posee la destreza de tomar la historia y la abstracción de la poesía por coartadas para hablar de su tiempo. Qué suerte saber que cada vez más los artistas comprenden que reflexionar con lucidez sobre su entorno no es decir que los guajiros venden los plátanos a dólares en la carretera. Lo que no hace el periodismo, tampoco ha de ser necesariamente materia del arte.

El arte se parece mucho a Pon tu pensamiento en mí, una obra desde luego tildada de “trascendentalista” por la chatura al acecho, pero al margen de las polémicas yo les sugiero grabar bien el crédito de Arturo Sotto: es muy probable que un segmento apreciable del mejor cine cubano del siglo XXI lo debamos agradecer a su talento” (Rufo Caballero)


“(…) No creo que la película sea tan mortalmente seria como lo parece a primera vista. Henchida del postmoderno afán de aquelarre e intertextualidad, a veces me recordó los filmes de Monty Python (sin gracia). Otras veces me sugirió un Scorsese o un Bergman sin demonios interiores, o aquel cine de tesis de Herzog o de Jancso, pero desprovista de la tensa verticalidad estilística de estos autores.

Todo lo dicho no implica desconocer que estamos frente a una película cubana que por su puesta en pantalla, sus curiosos anacronismos, y su plasticidad iconográfica se distingue de todo el cine cubano anterior; búsqueda acuciosa de una representación y un estilo de vanguardia, compendio atendible de dudas y tanteos. Pero Arturo Sotto aspiró a una empresa tan descomunal que no es de extrañarse si los propósitos básicos se le escurrieron (intocados, incumplidos) entre fotogramas ora carnavalescos, ora gélidos, siempre altaneros, apáticos, desasidos” (Joel del Río).


Pon tu pensamiento en mí intenta ubicarnos en el mundo de los espíritus con que Clavelito comunicaba a los “crédulos oyentes” de la radio cubana de los años 50. Pero no puede esconder que su codificación tiene pautas eminentemente políticas, sugerencias desmovilizadoras, que auspician falsos complejos de culpa. La endeble y sinuosa matriz ideológica del filme, quizás quede resumida en las declaraciones que hace dos años Arturo Sotto hizo a un periodista: “La religión, el arte y la política son industrias, inmensas panaderías kafkianas donde entran los hombres a cambiarse las orejas, a transformarse en mitos; afuera los espera la gente para vestirlos de leyendas, misterios y dignas muertes”. Por ese camino nada hay de cierto en nuestras vidas. Nuestros sueños, nuestros muertos, nuestros impulsos, son burdas elaboraciones de panadería. Al parecer la frivolidad del pensamiento ha encontrado su película. No aspiraba yo a ver en la pantalla un tratado filosófico sumamente elaborado, completo. Pero después de leer conclusiones tan fáciles y rápidas, uno pudiera pensar que el antropólogo francés Levis Strauss (estudioso de la tortuosa y estrecha relación hombre-mito), perdió miserablemente su tiempo; que de nada nos valen Freud, ni Marx, ni Max Weber, ni el mismo Che. A fin de cuentas “todo era más simple”, y tal vez baste poner nuestro pensamiento inerte en lo primero que nos pase por delante” (Eduardo Jiménez García)


Premios

Premio al guión inédito en Festival de La Habana  (1994); premio de la Crítica de Arte y Cultura en el Festival de La Habana (1996); premio mejor música; premio de dirección de Arte en Festival de Gramado (Brasil);  nominada a la mejor película extranjera para los premios Goya’96.


Bibliografía

Rufo Caballero. Puesto el pensamiento en la cordura. (Entrevista al director).

Rufo Caballero. Te pongo el alma, y el pensamiento. Boletín 3 del 17 Festival de La Habana, 7 dic’95 (Crítica).

Joel del Río. Pon tu pensamiento en mí. Juventud Rebelde  29 Jun ’97, p 13 (Crítica)

Desireé Díaz. Pon tu pensamiento en mí. Gaceta de Cuba 5; Sept-oct ’97, p 61-62 (Crítica).

Alfredo Guevara. Revolución es lucidez. Ediciones ICAIC, La Habana ’98, p 129.

Eduardo Jiménez García. Nada es tan simple. Juventud Rebelde  29 Jun ’97, p 13 (Crítica)

Frank Padrón Nodarse. La historia del cine contada por su música. Revista Cine Cubano 140, p 69.

Dean Luis Reyes. Traspasando el perímetro.  Gaceta de Cuba 5; Sept-oct ’97, p 62 (Crítica).

Rolando Pérez Betancourt. Pon tu pensamiento en mí. Periódico Granma 7 Dic’95, p 6 (Comentario)

Toni Piñera. Tejiendo historia. Periódico Granma 7 Jun’97, p 6 (Declaraciones del realizador).

Elder Santiesteban. Nueva película cubana. Suerte, mitos griegos de Arturo Sotto. Revista Bohemia 87 (24): 58-59; 24 nov. ’95, fotos (Crítica)

Related Entradas

Total de visitas: 111 - Visitas totales diarias: 1