Santiago Álvarez

(n. La Habana, Cuba, 8 de marzo de 1919; m. La Habana, 20 de mayo de 1998). Director de documentales. Uno de los artífices indiscutibles del reconocimiento mundial que obtiene el documental cubano a partir de la década de 1960.

De padre asturiano y madre salmantina, a los catorce años intenta aprender el oficio de cajista y de linotipista en una imprenta, y a los diecinueve marcha a Estados Unidos donde, según sus propias palabras, es “minero, fregador de platos, corrector de pruebas, pulidor de metales y por último –antes de que intentaran reclutarme para su ejército–, vendedor de ropa interior de mujeres”.

A diferencia de los otros fundadores del nuevo cine cubano (Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea y Julio García-Espinosa), Santiago Álvarez no muestra historial alguno en el orden fílmico una vez que triunfa la revolución de 1959 y se crea el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic).

Su vínculo con la creación artística se inicia en la década de 1950, cuando comienza a trabajar en la emisora CMQ-TV. El 6 de junio de 1960 se exhibe el Noticiero ICAIC Nro. 1, realizado por Santiago Álvarez, aunque en los créditos de dirección aparece Alfredo Guevara. Con éste empieza la edición semanal que, de manera ininterrumpida, durante treinta años y hasta su cierre dirige este realizador.

El Noticiero Icaic surge con un objetivo claramente político, al intentar contrarrestar las crónicas que informativos como El Nacional o El Noticiero América emiten con un tono no exactamente pro-revolucionario; sin embargo, si bien en los primeros números se pronuncia por una estructura convencional (mensajes de actualidades comentadas en off), muy pronto pone en evidencia el deseo de experimentar con las imágenes, y concederle a las noticias una textura capaz de garantizar la perdurabilidad más allá de la inmediatez del hecho.

En este sentido, es un ejemplo el noticiero sobre Benny Moré, dedicado a registrar el impacto de su muerte.

Me sorprendo a mí mismo cuando hago el noticiero dedicado a Benny Moré cuando Benny muere. Ahí veo por primera vez el traslado de mis sentimientos al cine. Veo el lenguaje del cine sirviendo para expresarme. Veo mi emotividad reflejada”.

Tal vez sea eso lo que pasa con este noticiero con unos pocos minutos dedicados a Benny Moré: se suceden los planos del cantante en plena actividad, e intercalados, los rostros desconcertados, adoloridos, de quienes todavía no comprenden que la muerte les haya podido arrebatar la presencia física de quien se adivinaba en la cúspide de la inspiración, y como denominador común, la voz del mito, resaltando las emociones.

Santiago Álvarez ha dicho sobre ese instante creativo:

Conocí a Benny en CMQ. Había que hacer una guardia semanal como chequeador [sic] de estudios. Benny llegó con unos tragos. No lo reporté. Se supo y uno de los dueños del estudio me llamó, yo lo negué pero me amonestó. Benny se enteró y un día nos encontramos en el bar de Radiocentro y nos hicimos amigos. Nos veíamos poco. Cuando muere hago ese noticiero. Uso la música, su música, con una intención narrativa y de montaje que nunca antes había hecho. Fijo resortes de lenguaje, descubro valores de la banda sonora, me doy cuenta que no sólo la imagen es importante, empiezo a combinar, a montar, para lograr asociaciones. Recibí algunas críticas en ese momento, pero sentía que había algo nuevo, diferente. Es un noticierón de punto de giro para mí, y lo hice con una gran pasión, con emoción”.

Quizás de manera involuntaria, Santiago Álvarez está desafiando con su manera de hacer el noticiario en aquel instante varios problemas teóricos como dar prioridad a la objetividad sin dejar traslucir lo emotividad y ser paradigma de verosimilitud, modelo de una exposición donde la realidad aparezca sin los afeites típicos en el cine de ficción.

Aquel noticiario estaba revelando su especial sensibilidad, desarrollada a plenitud en Ciclón (1963), documental que coloca a la cinematografía cubana en el mapa del cine mundial, al obtener una docena de premios internacionales. Ciclón pudo haber sido uno de los tantos reportajes realizados en torno a una de las peores catástrofes que ha azotado Cuba (el paso del huracán Flora en octubre de 1963, hostigando las zonas orientales). No obstante filmarse indistintamente por camarógrafos del Icaic, del Noticiero de la Televisión y los Estudios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la cinta es dueña de una uniformidad de tono que a ratos roza la pesadilla, muy en congruencia con el incidente que se intenta retratar. Parece proponer un dilema de ribetes éticos, pues en casos como éstos podría cuestionarse si es válido que la cámara asuma el rol de un voyeur fílmico de la desgracia humana.

Ciclón está bien lejos de compartir las intenciones de esos reality show que abundan en tanta televisión adolescente; su mirada se centra en un aspecto de la tragedia humana, pero no es el morbo nacido de la observación distante e insensible del espectador la que determina lo ético, sino el compromiso personal de quien se sabe parte de lo afectado. El uso inicial de la voz en off del locutor describiendo los logros colectivos del país, y la exposición de esas imágenes preciclón preparan de manera muy inteligente la atmósfera de tragedia que se va viviendo in crescendo, y en este sentido es que puede hablarse de Santiago como el artista (no el mero periodista), capaz de descubrir esos hilos íntimos que movilizan al espectador de cualquier parte del mundo ante la grave realidad que se ofrece.

Con Ciclón comienza a ganar conciencia la certidumbre de que en un documental no bastan los testimonios (por impactantes que sean) para obtener la relevancia. A partir de entonces, su cine es un alarde de imaginación, una búsqueda sorprendente de soluciones propiamente cinematográficas, que se apartan de manera premeditada de esa pretensión literaria con que muchas veces el documental intenta ganar estatura. Consciente de ello, sabe prescindir del sonido al filmar (Ciclón; Cerro Pelado; Hanoi Martes 13), o utiliza material gráfico existente para armar nuevas y auténticas historias (LBJ).

Su pericia está en el mestizaje de técnicas, en el rechazo a la primacía de esa falsa solemnidad con que algunas películas del momento intentan recubrir la denuncia antiimperialista. La sátira se convierte entonces en su más efectivo modo de expresión, mientras la edición adquiere el status de más valor dentro de todo el proceso creativo.

Now acaso sea la consagración de ese estilo de raíz cinematográfica, donde la importancia del montaje alcanza visos descomunales. Apelando a la foto animación, al collage de imágenes de archivos y a una banda sonora conformada por la versión al inglés que Lena Horne hace de la canción israelí Hava Nagila, logra construir uno de los alegatos antirracistas más intensos que se recuerdan en el cine latinoamericano de la época; el principal valor que aún puede encontrarse en una obra como Now! (para muchos, una anticipación del vídeoclip) está en la envidiable economía de recursos de la que hace gala, pero economía no sólo en el plano de costos de producción, sino de recursos propiamente lingüísticos en el ámbito fílmico.

Es difícil recordar otro documental en el cine cubano que desborde tanta sensualidad al saborear la posible llegada de una utopía como la que anuncia el filme, y que, de alguna manera algo ingenua, pregona el propio texto en inglés: la anulación del racismo. Existen otros documentales sobre el mismo asunto, incluso cabría hasta decir que igual de hermosos, mas parece aún insuperable en su maestría al prescindir del tono moralizante de un locutor, o la búsqueda de personajes que enfaticen con sus palabras lo que la imagen ya está sugiriendo en sí misma.

Mientras que otros documentalistas de la época se pronuncian por el abuso del cine encuesta, o la filmación fría en los lugares donde acontecen los hechos, muy dentro de la tradición impuesta por Flaherty y compañía, Santiago Álvarez termina depurando ese estilo que alguna vez llamara “documentalurgia”, y en el que cada vez se hace más precisa su capacidad para hacer del montaje (visual, pero sobre todo sonoro) el vehículo a través del cual transmitir su mensaje.

Hanoi Martes 13, L.B.J. y 79 Primaveras se convierten en paradigmáticas de ese método de representación; son aún obras impresionantes porque en ellas se advierte que vibra el compromiso de un hombre (no de un frío relator de supuestas verdades) empeñado en hacer valer su punto de vista, de allí que sea posible detectar ironías, deslumbramientos, dolores, alegrías, resentimientos, esperanzas, amores, y todo un largo cúmulo de pasiones. Ese desenfado se extraña en la segunda mitad de su obra, donde hay una mayor querencia de “objetividad”, y un exceso de didactismo que sus primeras obras habían sabido eludir.

Sus documentales posteriores tratan de las visitas de Fidel Castro por países de África, Europa Socialista y Viet-Nam (Y el cielo fue tomado por asalto; Los cuatro puentes; El octubre de todos; Y la noche se hizo arco iris, El sol no se puede tapar con un dedo), y también de las luchas de liberación en países como Mozambique (Maputo Meridiano Novo) y Angola (Luanda ya no es de San Pablo).

Es consciente del rol movilizador que aún puede jugar el cine en un contexto como el del tercer mundo, pero ya no se empeña en ser sólo cronista de lo que está pasando, sino también de alguna manera, ser un cronista de lo que a su juicio está fatalmente condenado a suceder. Una suerte de profeta fílmico, y esto le hace perder en no pocas ocasiones el sentido de la síntesis, la sutileza, pero sobre todo, de la novedad. Su cine se hace más retórico, si por éste ha de entenderse, más predecible. Otros ven en la voluntad de alabanza, que apenas repara en los matices, la principal limitación de su documental tardío. Esa es una opinión, pero no un argumento, pues la primera parte de su obra jamás escapa del compromiso incondicional con la revolución, y sus valores estéticos siguen perdurando.

Su única incursión en el largometraje de ficción no es exitosa; se produce en 1983 al filmar los refugiados de la Cueva del Muerto, donde aborda lo acontecido con buena parte de los revolucionarios que participan en el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953, pero que en términos de realización carece de la irreverencia presente en su obra documental.

A partir de 1992 realiza su obra en el formato de video, y alcanza los once títulos, algunos de ellos en codirección con otros realizadores: Ave Bahía (1993) con O. Senna, Motivaciones (1994) con C. Izquierdo y La isla de la música (1998), su última obra, con Ismael Perdomo.

El legado de Santiago Álvarez permanece en su raro sentido para hacer de lo aparentemente nimio algo descomunal, y mostrar esas imágenes invisibles que en el fragor de la vida diaria jamás se consigue captar en su esencia. No solamente la imagen del cubano, sino del hombre-todo que ha vivido este segmento de la historia. Su obra, más allá de la filiación ideológica, es de las más reconocidas del cine latinoamericano y por ella recibe más de ochenta primeros premios en festivales internacionales y concursos nacionales. Es nombrado miembro de la Academia de Artes de la República Democrática Alemana, doctor honoris causa por el Instituto Superior de Arte de Cuba, asesor del Ministro de Cultura de Cuba, presidente de la Federación Nacional de Cine-clubes. Recibe la orden Félix Varela de primer grado, la más alta distinción cultural que se entrega en Cuba, el premio Coral Especial al conjunto de su obra en el X Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, la Paloma de Oro al conjunto de su obra en el Festival de Documentales de Leipzig, y el Premio Nacional de Periodismo José Martí, concedido por la Unión de Periodistas de Cuba. También se realiza en la ciudad de Santiago de Cuba un festival internacional de documentales que lleva su nombre (Juan Antonio García Borrero).


Bibliografía

Diccionario del cine iberoamericano. España, Portugal, América. Sociedad General de Autores y Editores, España, 2009 (Entrada de Juan Antonio García Borrero)


Fuentes en Internet

Sitio de la Oficina Santiago Álvarez

Edición 18 del Santiago Álvarez in memoriam

 

Related Entradas