Un día de noviembre (1972)

Ficción ICAIC

País: Cuba

Género: Ficción

Formato: 35 mm

Tiempo: 110’

Color: Blanco y negro

Productora: ICAIC

Producción: Humberto Hernández

Dirección: Humberto Solás

Argumento: Humberto Solás, Nelson Rodríguez

Fotografía: Pablo Martínez

Cámara: José M. Riera

Escenografía: Roberto Larrabure

Utilería: Arnaldo Pérez

Vestuario: Violeta Cooper

Maquillaje: Magaly Pompa

Voces: Héctor Quintero

Edición: Nelson Rodríguez

Sonido: Jerónimo Labrada

Mezcla final: Ricardo Istueta

Música: Leo Brouwer

Iluminación: Carmelo Ruiz

Trucaje: Pedro Luis Hernández, Jorge Pucheaux

Asistencia de dirección: Inger Holt Seeland

Reparto: Gildo Torres, Eslinda Núñez, Raquel Revuelta, Silvia Planas, Alicia Bustamante, Miguel Benavides, Omar Valdés, Miriam Learra, Luis Otaño, Jorge Fraga, Delia Aragón, Nino del Castillo, Rosendo Lamadrid, Raúl Eguren, María Teresa Lago, Gerardo Riverón, Fernando Diez, María Julia Valdés, Vicente Revuelta, Orlando González, Alfonso Valencia, José Ángel Estapé, José Luis Rodríguez


Sinopsis

Una dolencia aparentemente fatal, conduce a Esteban a revisar su vida como revolucionario y sus relaciones humanas. El reencuentro con amigos y compañeros del clandestinaje no lo satisface, como tampoco la relación amorosa que inicia. Un diálogo con un combatiente herido le devuelve la confianza y lucidez.


Declaraciones del director Humberto Solás

Un día de noviembre constituyó un impasse. Yo había querido realizar un filme denso y contenido, ajeno a paroxismos y próximo a una literatura reposada. Quise una obra de reflexión en un tiempo sutil y hasta anodino. Pero mis filmes habían tenido una estructura musical, casi visceral en sus oberturas, adagios y fortes. Realmente no estaba preparado para renunciar a esto.

(…)

Me cuesta trabajo siquiera imaginar hacer el remake de Un día de noviembre, pero si así ocurriese: 1) Haría un nuevo casting o un muy diferente reparto actoral, 2) eliminaría los elementos de autocensura en el guión, 3) la filmaría en color como yo quería, o sea, en tonos azulosos, grises y cobaltos… como era la ropa de trabajo de aquellos tiempos, 4) transformaría un tanto el concepto visual. Yo quise en aquel momento, hacer la crónica de la clase media urbana comprometida con la Revolución, a finales de la década del sesenta e inicios de los setenta, o sea, antes y después de la zafra de los Diez Millones y el Primer Congreso de Cultura. Si el filme estuvo censurado varios años es lógico de comprender: era el momento de la racionalización, por motivos “morales” e “ideológicos”, en el campo artístico y se anunciaba la implantación del modelo del “realismo socialista” por todas partes y hasta en el ICAIC, que a pesar de una reticencia casi generalizada tuvo sus adeptos… Fueron, como después en los noventa, los años más duros.

(…)

Comenzaban los años difíciles, y con ellos, las primicias o signos de la parálisis que sobrevendría: el Primer Congreso de Educación y Cultura y la divulgación de los postulados del realismo socialista, el llamado “proceso de racionalización” en las artes escénicas, etc. El ambiente era desesperanzador, y aquel filme sobre un hombre que iba a morir estuvo retenido durante largos años, para ser exhibido después en silencio. Un día de noviembre (cuyo título original era Hojas; fue Manuel Octavio Gómez quien me sugirió el nuevo título) era demasiado sincero para aquel momento.

La muerte de Esteban era una alegoría sobre la caducidad y desaparición de un mundo que yo siempre he añorado; es decir, aquellos primeros tiempos del ICAIC revolucionario, de afincado espíritu nacionalista y libertador, poco sujeto a interferencias foráneas. Fue en aquel ciclo que se gestaron Memorias del subdesarrollo y Lucía y otros filmes de la que, repito, sigue siendo la mejor etapa de nuestra cinematografía…

Luego de la amarga experiencia de incomprensión que significó Un día de noviembre, decidí nunca más intentar siquiera un filme sobre la contemporaneidad, si no contaba con el espacio de la sinceridad. Esa “oblicuidad táctica” de la que usted habla no fue una opción; fue una obligatoriedad para poder continuar en la profesión sin mayores sobresaltos. Se trataba de un reajuste ético-estético que tenía antecedentes célebres por doquier: Buñuel, Saura, Tarkovski, y tantos otros.

Confieso que no fue un proceso difícil para mí, toda vez que siempre he amado la reconstrucción epocal y los desafíos que ello representa. Mi pasión por la arquitectura cinematográfica me ayudaba enormemente. Mis filmes habían sido y serían, de cierta manera, mi obra de arquitecto, y todos sabemos que esta escultura práctica maneja símbolos y mensajes de irresistible sugerencia…

En cuanto a la eficacia de ese método de abordar la realidad, creo que el público está bastante entrenado en tareas hermenéuticas. Se ha convertido casi en un deleite detectivesco. ¿Qué quiso decir aquí o allá?, ¿qué sugiere el autor?, son interrogantes que fascinan a los cinéfilos. La ambigüedad es terreno de la poesía. Metáforas, eufemismos, alegorías, parábolas


Comentario crítico

Un día de noviembre reabre la interrogación respecto a la vinculación femenina al núcleo activo de la sociedad, sin obviar las desgarraduras que puede conllevar tal integración, en tanto puede significar renuncias, empachos con la “nueva” moral e incluso soledad y frustración (personajes de Alicia Bustamante, Eslinda Núñez y Raquel Revuelta).

Pero el gran tema, lo que originó la postergación durante años de su estreno, era la incapacidad del protagonista para sumarse al optimismo de la zafra, la “emulación socialista” y al aquelarre de la rumba. Su negativa está avalada por una razón tan sólida e irrebatible como saberse herido por una enfermedad mortal, todo lo cual deriva en una película sino pesimista, al menos muy triste.

Esteban busca un ideal que le permita asirse a una vida que se le escapa, insatisfecho con el cierto mecanicismo instaurado en una cotidianidad, no pocas veces rediseñada en términos de pobreza espiritual y pequeñez en perspectiva. Este personaje lánguido y expectante, pero cuestionador e inconforme, guarda estrecha relación con el Esteban de El siglo de las luces; ambos homónimos aparecen desahuciados por la inspiración vital, casi rendidos de buscar ideales como la justicia y la libertad, hartos por constatar en la práctica la imposibilidad perentoria de materializarlos”. (Joel del Río)


Bibliografía

Rufo Caballero, Joel del Río. No hay cine adulto sin herejía sistemática. Revista Temas 3; Jul-Sept ’95, p 104, 105.

Rufo Caballero. Implosión en la catedral. Cine Cubano Nro. 141, p 78. 79 (Panorámica de la obra de Solás)

Rufo Caballero. Habría que estar en mi piel. Revolución y Cultura Nro. 2-3/ 99, p 6.

Michael Chanan. The Cuban Image. Cinema and Cultural Politics in Cuba. BFI Publishing, London 1985, p 292.

José Roberto. Un filme de archivo. Sobre la producción Un día de noviembre. El Caimán Barbudo Feb’79, p 22, 23 (Crítica).

Willy Hierro Allen. Un día de noviembre. Revista Verde Olivo (49): 58-59; 3 dic. ’78 (crítica)

Bernardo Márquez Ravelo. Un día de noviembre. Periódico Trabajadores (135): 5; 28 nov. ’78 (Crítica)

Enrique Valper. Un día de noviembre. Revista Bohemia (49): 29; 8 dic. ’78 (Crítica).

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