Viviendo al límite

Año: 2004

País: Cuba

Género: Documental

Formato: 35 mm

Tiempo: 87’

Color: Color

Productora: La Línea Sinuosa

Producción: Belkis Vega, Celina Morales, Vania Valdés

Dirección: Belkis Vega

Fotografía: José M. Riera, Alejandro Pérez

Edición: Manuel Iglesias

Música Original: Edesio Alejandro, Ernesto Cisneros

Sonido: Antonio Tabares, Osmany Olivare, Juan Demósthene

Producción de rodaje: Vania Valdés

Postproducción: Celina Morales.


Sinopsis

Conmovedor y humano retrato de un grupo de personas infectadas con el virus del SIDA. Cómo piensan y sueñan estas personas, y cómo han sabido sobreponerse a su cruel destino, Viviendo al límite -en el que se utilizan recursos de la escena teatral para recrear artísticamente escenas de la existencia de sus protagonistas- es una lección de vida.


Viviendo al límite

Por Gustavo Arcos

                                                                 El horizonte está en los ojos y

                                                                  no en la realidad

                                                                  Ángel Ganivet

Antes que todo debo decir que cuando asistí a la proyección del documental Viviendo al límite realizado por Belkis Vega temía encontrarme con uno de esos trabajos audiovisuales que pretendiendo acercarse justamente a un padecimiento, flagelo o fenómeno dramático que interfiere en la existencia humana, terminan siendo patéticas y melodramáticas puestas en escenas, pletóricas en sentimentalismos y escenas lacrimosas en las que su autor opera un discurso altisonante y seudo poético, ofreciendo a los espectadores graves testimonios del tormento, ralentizaciones a mansalva, palomas que vuelan al cielo y desde luego, finales con caritas sonrientes. Así hemos visto perderse, en el marasmo de la lástima y la propaganda moralicona, múltiples materiales realizados en los más diversos géneros y soportes.

Conjurando tentaciones y obstáculos, Belkis Vega se acerca al rostro y alma de cinco personas, portadoras del VIH –SIDA, quienes nos revelan su propio vía crucis desde una perspectiva humana y alentadora no exenta de dolor, desgarramiento y dramatismo.

Viviendo al límite está estructurado siguiendo una forma convencional, marcada por entrevistas, graficaciones y segmentos bien diferenciados, consagrados cada uno de ellos a ofrecer espacio para que los sujetos expresen su testimonio en una suerte de retórica textual y formal, más apegada a la academia que a la experimentación audiovisual. De tal manera, cada persona tendrá su propio espacio y tiempo perfectamente regulado y equilibrado desde el punto de vista dramático y rítmico, retratados en primer plano buscando complicidad e intimidad, evitando con ello distracciones visuales y contextuales que alejen al espectador del dramático relato. Habría además que señalar, como su realizadora se empeña en marcar lo que constituye uno de los elementos relevantes del documental, la importancia que tiene para estas personas, el ejercicio de la memoria, evocada a través de fotografías, en un ritual reconstructivo que acentúa el tan necesario, para ellos, proceso de identificación y readecuación de sus propias vidas.

Cada uno de los testimonios, aun desde el dolor y el sufrimiento, de la angustia y a ratos desesperanza, está signado por la fuerte voluntad de sus protagonistas de cambiar su destino y de vivir encontrándole un nuevo sentido a su existencia, tal vez porque han tenido la singular experiencia de haber mirado a la muerte desde muy cerca.

Para el espectador no debe pasar inadvertida esa reinserción vital, expresada y materializada visualmente por los sujetos mientras nos hacen partícipes de su historia, como tampoco su apego a la naturaleza, la familia, los amigos, la ciudad o la profesión, signos todos que los hacen trascender como individuos en la pantalla hasta una dimensión que nos revela el lado más humano y natural de cada uno.

Pero aun hay más en este sensible documental; Viviendo al límite incorpora a su dramaturgia un correlato integrador, que de forma coherente proporciona información al espectador acerca de los sujetos y sus vidas al representar teatralmente, utilizando técnicas del sicodrama y actores profesionales, diversos episodios o momentos por los que supuestamente pasaron los entrevistados. Esta simulación no tiene carácter espectacular o frívolo sino que intenta situar al espectador en un espacio otro igualmente dramático y emotivo que reconstruye desde lo artístico una experiencia, un gesto, una mirada o una vivencia relatada por los propios protagonistas. En este sentido Belkis Vega rompe con las propias convenciones del género, otorgándole mayor riqueza narrativa a su obra. Su realizadora prefiere igualmente que sean los propios pacientes los que, si lo desean, elogien a las instituciones o médicos (incluso hasta los cuestionan), distanciándose de esos reportajes o seudo-documentales al uso (y mal uso), que enfatizan furiosamente las estadísticas, los valores porcentuales y las cronologías olvidándose de los propios sujetos, de sus angustias y dolores, de su fe y de su extraordinaria voluntad para romper el silencio, los prejuicios, la indolencia y la incapacidad de muchos de los que les rodean.

Y es que estos testimonios captados en su desgarramiento y autenticidad por los realizadores no constituyen una muestra más de aquellos seres que padecen una enfermedad, no buscan nuestra lástima, comprensión, tolerancia o gestos solidarios, se elevan sobre la superficialidad y la simulación afectuosa para alcanzar una dimensión mucho más humana, real y esencial .

 

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