El trucaje en “Memorias del subdesarrollo”

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Por Jorge Pucheaux

A todos se nos quedan en la memoria, imágenes y sonidos de un filme, cada vez que este termina.

Hay planos, escenas, secuencias que nunca se olvidan y en este caso, en Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, siempre recordaré dos secuencias específicas: la escena en la playa de un filme ya clásico del cine mundial, donde se le editó y montó el siguiente texto: “los mismos gestos, las mismas palabras, los mismos gestos, las mismas palabras”, y la secuencia de la Plaza de la Revolución , donde Sergio a partir de un gran ZOOM se comienza a desaparecer en el grano mismo del material fotográfico.

Sobre esta secuencia me gustaría comentar cómo surgió desde sus inicios, pues a mí me tocó hacerla realidad. Trataré de comentarla de manera breve: según el guión, este nos planteaba un texto en off en la voz del propio Sergio, donde se sugería a modo de pensamiento, la forma en que el mismo se iba desapareciendo o descomponiendo dentro de la nueva realidad cubana. Esa era la intención, pero ¿cómo lograrlo de una manera diferente a la tradicional?

Esto implicó una buena cantidad de horas de trabajo con el director de la fotografía, Ramón F. Suárez, el propio Titón, y el personal de Trucaje. Nosotros le solicitamos transcurridos varios días a Titón, que nos permitiera trabajar esta secuencia a nuestra manera. Esto significó, claro está, encontrar esa manera. Obviamente nos llevó varios días establecer un concepto creativo que dejara claro la idea de descomposición, de desaparición hasta quedar en la nada.

Y justamente, ahí fue entonces cuando nos acercamos a la "manera" en que deberíamos emprender la realización desde el punto de vista de la manipulación de las imágenes en la entonces "TRUCA" (recién comprada a USA por el ICAIC), y también el excelente "stand de animación" , ambas de marca Oxberry, los equipos mas famosos de trucaje de la época.

Con esas herramientas en nuestro poder nos dimos a la tarea de iniciar un proceso de pruebas a partir del propio grano de la película (el soporte de la película fotográfica está hecho de varias capas de unos corpúsculos de nitrato de plata, bromuro de plata, y colorantes, etc, granos imposibles de ver a simple vista, los que se conocen con el nombre de "emulsión").

La propuesta era muy simple imaginárnosla, pero llevarla a la práctica sí resultaba algo bien complejo, pues para acometer su ejecución era necesario, además de días de pruebas, casi paralizar el Laboratorio de Cubanacán y ponerlo en función nuestra. La locura era lograr un viaje a la semilla, o sea, un viaje al mismísimo grano de la película. Solo que la TRUCA, por muy novedosa que fuera (tecnológicamente hablando) en cuestiones de lograr infinidad de efectos visuales no se acercaba en su tiempo a lo que en la actualidad se logra mediante el uso de las computadoras en función del cine.

En definitiva, estábamos ante un gran reto tecnológico para aquel momento, pues en impresiones en papel fotográfico era mas lógico poder acercarnos bastante, pero en el material de 35 mm y en movimiento, realmente era algo que ni pensarlo. Mucho más, cuando la presión de la edición del filme y la propia Producción comenzaban a sentirse, de ahí que nos dimos a la tarea de trabajar las imágenes por la vía de la DUPLICACIÓN (proceso interno de todo Laboratorio para poder lograr las copias de las películas para su exhibición, a partir de materiales especiales, nada conocidos por el público, tales como el famoso INTERMEDIAT).

Trabajamos en duplicar y duplicar cada plano las veces que fueran necesarias para lograr el efecto de llegar al grano mismo del material, y una vez realizado este proceso, entrelazar cada plano en el orden de la edición a partir de la tradicional disolvencia, pero sin que esta fuera vista como tal.

Lo significativo de haber trabajado en este efecto, fue entender y confirmar también, lo importante que tiene el hecho de que el director y el fotógrafo crean en el resto de su personal, que tenga la confianza en ellos. Tuve la suerte de trabajar con Titón, que siempre fue respetuoso del trabajo de su equipo, y la suerte de haber compartido esta experiencia, casi en mis comienzos en el cine, con todo su equipo y con los compañeros de los Laboratorios y del entonces Departamento de Trucaje del ICAIC.