Rosita Fornés en la memoria de Carlos Barba

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En los años ochenta yo tenía como diez años, caminaba con mi abuela Hilda, temprano en la mañana y vimos a Rosa Fornés, que estaba de gira por Cuba, y comenzaba por Guantánamo; ella se hospedaba muy cerca de la casa de mi abuela y ya a esa hora había una multitud de personas alrededor de la artista, que saludaba a todos desde un Chevrolet convertible.

Parecía una película, una bella película. Una década y algo después, en el año 2006, filmé un documental titulado Papeles principales, que acompañaría a Papeles secundarios, de Orlando Rojas, como parte del bonus track del DVD que promovieron Impulso Récords, Fnac y el ICAIC.

El cineasta Carlos Barba junto a Rosita Fornés

Con un pequeño staff, compuesto por Eduardo Corría, Luis Enrique Prieto y yo, llegamos al reparto Siboney, a la casa de Rosita, protagonista de la cinta de 1989, de Orlando Rojas. Mi primer recuerdo desde la ventanilla del carro fue un gran camión de la basura frente a su casa y a Rosita en el portal, conversando con los muchachos que hacían el trabajo; ellos, colgados de la parte trasera del vehículo, escuchando embelesados a la gran vedette, quien cuando nos ve acercar los despide entre risas y un “nos vemos mañana”.

En el momento que uno de ellos toca la campana anunciándole al chofer continuar la marcha, llegamos hasta ella. Rosa se guardaba intacta en mi recuerdo de niño, nos enseñó su casa, el salón con sus premios, sus recuerdos, sus cuadros; cuando le dije que prefería filmar afuera, en un patiecito lateral, me dijo colaboradora: “mejor, así”, acompañando sus palabras con un gesto muy de ella.

Su amabilidad no tuvo límites, hablamos de la película, recordamos su personaje, lo importante que fue asumirlo, el momento en que llegó, cómo se sintió y después de mi voz de “¡Acción!” fluyó algo inefable que ahí está para siempre.

Me confesó que amaba al cine, sin embargo, su único ‘pero’ era que “una entrega alma, corazón y vida, y después, en la edición, te pueden cortar la parte que más trabajo dio para lograrla, es lo que tiene el cine”. También afirmó “yo nunca creo que me la comí en nada, yo lo que entrego parte de mí en cada cosa que hago”.

Y de qué manera nos lo estaba demostrando ese día, durante la entrevista. Una vez terminado el rodaje apagamos la cámara, y ahí comenzó la otra película, algunas de sus historias en los escenarios, las verdaderas y las que ayudaron a crear el mito que se ganó por derecho y talento propio.

Nos contó de su madre, de su familia, de su antiguo barrio y del actual, de la amistad con Alicia Alonso, que era su vecina y que había asistido a su cumpleaños. También del entusiasmo que sentía porque, después de muchos años, logró grabar un CD y que lo escuchaba en un reproductor que parecía una bombona en miniatura, regalo de su nieto mayor.

Casi en la despedida, y al enterarse de mi familiaridad con Isabel Santos, me dijo: “¡Si ella es tu mamá en la vida artística, entonces yo soy tu abuela!“, y claro, se refería a que ambas actrices en la ficción son madre e hija en Se permuta, la cinta de Juan Carlos Tabío.

No sé por qué viene a mi mente ahora el tema de este filme que interpretó Osvaldo Rodríguez:

“Si creemos que somos espejo y reflejo del miedo de no comprendernos ̸

si sabemos que ya ha transcurrido el tiempo asignado para conocernos ̸

si sentimos que falta el coraje y la fuerza que antes nos acompañaba ̸

si no vamos del brazo a la calle ̸

del talle a la alcoba ̸

del beso a la vida ̸

el amor se acaba / comienza”.

Documental “Papeles principales” (2007), de Carlos Barba
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