País: Cuba
Género: Serie de Televisión
Duración: 48 capítulos de 27 minutos cada uno
Color: Color
Productora: ICRT
Producción: Loly Atencio
Dirección: Rudy Mora
Guion: Olga Consuegra
Director de fotografía: Iván “El flaco” Díaz
Edición: Rudy Mora
Asesor Dramático: Osvaldo Huerta
Primer asistente de dirección: Yosvany Carmona
Asistente de dirección: Elizabeth Medina
Banda sonora: Rudy Mora, Efrén Bravo
Musicalización: Rubén Gómez
Música: Polito Ibañez, Alexis Morejón
Diseño de vestuario: Elio Vives
Diseño de maquillaje y peluquería: Arturo Orta
Diseño escenográfico y ambientación: Roberto Hernández
Anotadora: Barbara Cisneros
Operadores de cámara: Iván “El flaco” Díaz, Randol Menéndez
Foto fija: Iván “El flaco” Díaz
Asistente de cámara: Jordan Pajan
Iluminación: Adalberto Calderón y Wilson Mostaza
Reparto: Mónica Alonso, Alejandro Socorro, Yaremis Pérez, Liety Chaviano, Roxana Montenegro, Raúl Lora, Israel Guerra, Adael Rosales, Tito Junco, María de los Ángeles Santana, Martha del Rio, Broselianda Hernández, Tahimí Alvariño, Bárbaro Marín
Sinopsis
Dos adolescentes tratan de ser ellas mismas y compiten en el doble juego que les traza la vida… ¿podrán lograrlo con su inexperiencia? Los primeros amores, los maltratos filiales, el sexo por apuesta y un embarazo no deseado y oculto ponen en peligro vida y futuro.
Comentario:
“Aquellos muchachos se abrazaban felices” en una esquina del aula, “sus ojos volaban como pluma de aves, hablaban con maneras y sentido de la calle haciéndole un poco de gracia al día con sus locas fantasías”, se veían en el TV por primera vez, como los espectadores los vieron a ellos por primera vez en la TV durante los 48 capítulos que duró la serie. Había pocos precedentes (o ninguno) en mostrar así a esos personajes que “jugaban a quemarse con la punta de un mechero, y después iban a entregarse con los cuerpos desnudos aplicando fantasías de sexo y las ganas de vivir. Eran los que miraban al cielo con las manos vacías”, los que olvidaron la casa, las cosas del mantel y en las pequeñas pantallas cubanas hacia el 2002 este pedazo de realidad se antojaba muy raro.
Se están viendo en la pantalla del Televisor de su aula los adolescentes que protagonizan Doble Juego, están viendo su futuro 18 años después y a casi 20 de ese momento, que para los espectadores se quedó detenido, no hemos podido tenerlos otra vez. Sus problemáticas han vuelto a aparecer en la rocola de las reincidencias: la marginalidad y la marginalización, la emigración ilegal, el embarazo adolescente, la irresponsabilidad de los padres, todo eso regresó, pero sin la dureza (ni los ojos) de la hija de Beatriz, esa muchacha que está loca; de la ingenuidad de la Gorda; de la complejidad de Víctor Manuel, etc. Son los jóvenes que “Flotan”, como la canción de Polito Ibáñez, resistiendo cualquier embate, los que son atacados por más de una tormenta en la misma noche, los que tienen que hacer a veces de grumetes, y capitanes de su propio barco.
Los 1296 minutos de la serie se quedaron en 108 para la versión en cine del audiovisual. Se quedaron en 108 para quien no la pudo ver entre mayo y agosto del 2002. Se quedaron por una idea loca de un grupo reducido de realizadores de ese Doble juego, que, en su máxima locura, disparate o transgresión dejaron aquellos benditos minutos destinados a trascender como el primer largometraje cubano realizado en video que se exhibió en los cines de la Isla y el primer DVD de factura nacional. Con Doble juego olvidémonos por un momento que el cine es cortar pues la serie no debería terminar cortada, como no se cortan sus personajes, como no se corta su estética, como no se cortan sus diálogos, como no se cortan la gente que la claman. El ciclón no deja de llegar, en estos casos el parte del tiempo raras veces equivoca, pero, y si Isabel volvió a saltar de cabeza de la lancha y nosotros somos los familiares pensando que la embarcación se había hundido, que nadie se había salvado, que no había rescate posible… Cuando vuelvan a pasar la lista en el aula, trataremos de ganar la puerta y decir bien alto el nombre… o al menos, volvernos a pintar el pelo de marrón» (Fabio Quintero y Samuel Ernesto Viamontes)
Premios:
Premio Caracol 2003: Mejor dirección, mejor fotografía, mejor diseño sonoro y mejor diseño de presentación
Galería de imágenes de rodaje







