Un cine marginal, según Tomás Gutiérrez Alea (Fragmento)

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El 13 de febrero de 1968 Tomás Gutiérrez Alea le hace llegar a Alfredo Guevara un conjunto de notas, en el cual reflexiona sobre un proyecto de “cine marginal” que le gustaría ensayar, y donde asegura que,

Este cine estará, frente al gran cine, en una relación semejante a la que puede tener un simple informe con la literatura. Es decir, se trata en primera instancia de utilizar al cine como el instrumento más adecuado para rendir informes sobre determinados aspectos conflictivos del desarrollo de la Revolución (de la vida) en el país[1]

Llama la atención que en medio de un contexto al que sólo parecía interesarle entonces las señales recibidas desde el pasado más remoto, en franco embeleso triunfalista con lo que sugería ser la conclusión inevitable de todos los destinos que conformaban la nación, a Titón lo que le importe fomentar es la fiscalización crítica del presente. [2]

Alea insiste en reconocerse como un intelectual antes que simple cineasta. Quiere que su cine sea “el bisturí que penetrara en la carne misma de nuestra realidad y nos permitiera llegar al punto donde se puede señalar una anomalía determinada”.[3] No es que no le atraiga la realización de un cine que resulte un espectáculo agradable al espectador, pero antes lo que quiere hacer es poner a pensar al público, colocarlo en situaciones incómodas, imprevistas, y priorizar el examen de aquellas contradicciones que va generando el proceso revolucionario. “Problemas como la burocracia”, dice, “la aplicación mecánica de una orientación, el abuso de poder, la moral “socialista” (burguesa), el problema generacional, las capas discriminadas…etc, etc”.[4]

En la propuesta de Titón se adivina también el interés de rechazar todo tipo de artificio que remita “al gran cine”. Piensa que la utilización de equipos ligeros en la filmación, que permitan grabar el sonido directamente (“la cámara Eclair silenciosa, en sincronía con la grabadora Perfectone”) contribuiría a conseguir una mayor autenticidad en lo rodado, y complementaría la labor que viene desarrollando el noticiero. Y resume las intenciones de este modo:

Valdría la pena ensayar este tipo de cine porque creo, en primer lugar, que nuestra realidad merece un análisis más profundo que el que estamos haciendo a través de nuestras películas. Que el cine puede ser un aporte considerable a la Revolución en ese sentido. Que si estamos en posesión de ese instrumento y de la técnica necesaria para utilizarlo, no podemos dejar pasar la oportunidad de hacerlo. Siento esa responsabilidad”.[5]

Juan Antonio García Borrero

Notas:


[1] Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos, p 167.

[2] Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos, p 167.

[3] Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos, p 167.

[4] Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos, p 168.

[5] Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos, p 169.

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Author: ENDAC