País: Cuba
Género: Diapofonograma
Color: Color
Productora: Cine Club Evaristo Herrera
Dirección: Virgilio Cabrera
Fotografía: Virgilio Cabrera
Guion: Omar Felipe Mauri
Asesor artístico: Humberto Alonso
Sinopsis:
Un recorrido por los encantos naturales de Soroa, sitio turístico de la geografía artemiseña.
Comentario :
Virgilio descifra con acierto y colorido el sentimiento de atracción que ejerce ese pedazo de paraíso, esa gota de tesoro que es Soroa, en quienes la visitan. Su descripción deviene recreación visual y alerta consciente del cuidado que requiere nuestra naturaleza. Estos mensajes y su único protagonista―el paisaje― son méritos suficientes para entrar con luces en el mundo de la imagen. (Omar Felipe Mauri)
Guion:
Hoy, que se ha despertado una sed de naturaleza en el hombre, porque comprende que del amor y el cuidado de ella dependen su propia vida y futuro, se alzan más a la vista y el corazón las riquezas que la tierra ha creado para él.
Para nosotros, Soroa es una gota de ese tesoro.
Ubicada en el estrecho occidente de la isla, entre las suaves montañas pinareñas, Soroa, con su nombre indio y todo su paisaje inconfundible, es un himno de cubanía que reconocen en el mundo entero.
De su tierra negra y noble se levantan en febril fertilidad una amalgama de cedros, cabos, majaguas, caobas, ceibas y palmas, riquezas vegetales que como el tabaco de aquí asombran al visitante.
El agua y el sol han obrado milagros en las cosas de la vida. Por eso año tras años miles de personas acuden a disfrutar de ese espectáculo.
Cada cima, cada grieta, testimonian la fuerza de nuestro clima y la multiplicidad de la flora y la fauna que armonizan aquí como dueños absolutos del paisaje.
Es fácil sorprender a las pequeñas iguanas, chipojos, y tomeguines bebiendo en las mil cascadas por donde transita el río. Y precisamente, ese correr de las aguas, es lo que más admira el visitante: la emoción de descender hasta el torrente o contemplar desde lo alto.
Atravesar paso a paso el monte caprichoso que se inclina buscando el sol, las extensión de los bejucos y los jagueyes tortuosos, hasta llegar al helecho y el musgo oscuro del hondón. Allí, donde habita el manantial frío y la piedra desnuda, se disfruta y se ama el poder de la naturaleza.
Más a lo alto, está la mano de la Revolución y la obra turística que construyó en ese pedazo de paraíso: Cabañas, restaurantes, bares, piscinas y el abrumador verde de la sierra.
Y también, como jugando entre las piedras, está el más grande orquideario del país, debido por igual a una flor revolucionaria: Celia Sánchez Manduley.
Todo convive aquí en un solo espíritu de belleza y bondad, de optimismo y amor; porque el capricho de la naturaleza y la mano del hombre han creado en Soroa, una gota de tesoro.
