El extraño caso de Rachel K

Año: 1973

País: Cuba

Género: Ficción

Formato: 35 mm

Tiempo: 93’

Color: Blanco y negro

Productora: ICAIC

Producción: Sergio San Pedro

Dirección: Oscar Valdés

Guión: Julio García-Espinosa, Sergio Giral, Oscar Valdés

Diálogos: Jesús Díaz

Fotografía: Jorge Haydú

Edición: Roberto Bravo

Sonido: Ricardo Istueta

Canción: Miguel Ángel Piña

Reparto: Carlos Gilí, Mario Balmaseda, Norberto Blanco, Carlos Monctezuma, Juan Carlos Romero, Rogelio Leyva, José Antonio Espinosa, Miguel Gutiérrez, Isabel Moreno, Zenaida Elizalde, Micheline Calvert, Manuel Octavio Gómez, Irene Kuchilán, Helmo Hernández, Esperanza Zabala, Roberto Contreras, Ramón Ponce, Jesús Hernández, Francisco Pérez Salcedo, Luis Otaño, Cristina Yáñez, Miguel Lucero, Eduardo Macías, Héctor Quintero (narrador)


Sinopsis

La Habana, 1931, durante la dictadura del general Gerardo Machado. Rachel, joven corista francesa, es asesinada durante una orgía en que participan personalidades de la alta burguesía y la política. La prensa enfatiza el hecho para desviar la atención de los graves problemas sociales que afectan al país. Los gobernantes ordenan silenciar el caso para proteger a los implicados.


Declaraciones del director Oscar Valdés

“Es una película que no sé si considerar o no como un fracaso. Creo que sí, que debo considerarlo como un fracaso puesto que la película realizada no me satisface, no es la película que yo tenía en la cabeza. Fueron muchas las circunstancias que conspiraron contra la película. Y desde ese punto de vista, por no haber logrado lo que yo quería, la puedo considerar como un intento fallido.

Sin embargo, objetivamente, no puedo decir que la película haya sido un fracaso puesto que estuvo dos semanas en el circuito de estreno, con grandes colas, y luego se mantuvo todo el tiempo en los cines donde se exhibió. Con el público cubano tuvo éxito a pesar de que era prohibida para menores de dieciséis años, lo que le restó espectadores – en esos momentos los desnudos, la violencia… ahora creo que sería aprobada para menores de 12 años-, y que fue filmada en blanco y negro.

Pero la crítica cubana no la acogió bien. No así la extranjera, que le dedicó elogiosos análisis, muy favorables. Fue exhibida en el London Films Festival y obtuvo el premio de film notable del año. También participó en el Festival de Festivales de Toronto, Canadá, que no es un evento competitivo, y fue aclamada. Además, tengo entendido que tuvo buena venta en el mercado exterior. Por esas razones, objetivamente, no puede considerarse como un fracaso. Pero repito, no me gusta el resultado final, aunque la idea me fascinó. Pero ya después, desde el guión a la realización, fueron muchos los tropiezos.”


Declaraciones del coguionista Julio García-Espinosa

“En un principio se trataba de contar el asesinato de una prostituta francesa, ocurrido en La Habana de los años treinta, y, motivado por este hecho real, mostrar la situación social y política de la época. Clásica estructura dramática de tantas películas. El filme se propuso indagar otros derroteros. No por un afán (es bueno reiterarlo) de originalidad a ultranza o por hacer el anticine o cualquier revolucionarismo similar.

Se trataba simplemente que la dramaturgia para este tipo de filme presenta dos fallas esenciales. Una, el núcleo dramático, bien sea un triángulo amoroso o un crimen pasional como el de la historia en cuestión, siempre resultará más interesante y atractivo que el contexto social que se pretende denunciar, es decir, resulta falso que la célula dramática principal se pueda convertir en un medio y deje de ser un fin en sí mismo.

El resultado sería que el espectador, una vez más, saldría con la satisfacción de haber disfrutado una intriga de crónica roja, tranquilizando su mala conciencia al recibir, también, algunas pinceladas de la realidad social. Trucos eternos, cada vez mejor facturados, más bellamente envueltos, de la dramaturgia al uso.

La otra falla, es que estas historias del pasado, vistas así, apenas inciden en las contradicciones del presente. Se planteó entonces y, en primer lugar, que la mejor manera de acercar la historia a los problemas de hoy, era situando el conflicto en cómo los medios de comunicación, antes y ahora, manipulan la realidad. Pero, además, que este objetivo no se revelara sólo en el contenido, sino en la propia forma del filme. El extraño caso… debía, por tanto, comenzar con una reunión de obreros llamando a la huelga, y ver enseguida la irrupción de la policía dándoles palos y llevándoselos presos y, al día siguiente, en la primera página de la prensa, en gran titular, la noticia del asesinato de la prostituta y no la de los obreros apaleados.

A partir de ese momento el filme se interesaba por el caso de la francesita asesinada. Pero constantemente el propio filme se preguntaba por la otra historia, por la de los obreros. La historia de la prostituta se imponía y la intriga se desarrollaba sobre la base de buscar al asesino. La prensa y todo el mundo vivían pendientes de saber quién había matado a Rachel. Y, finalmente, cuando las pesquisas de un astuto reportero, le llevan a descubrir que era un crimen relacionado con personajes de la alta sociedad, el gobierno prohíbe toda información sobre el caso.

Es decir, que en el momento que el crimen dejaba de ser crónica roja y adquiría una connotación política, se suprimió toda información en la prensa. La película termina con una larga lista de acontecimientos importantes, ocurridos en esos años, y sobre los cuales, los medios masivos nunca dijeron nada.

Lamentablemente la estructura del filme se inclina más hacia el contenido que hacia la forma. La denuncia al contexto social y a la prensa, está, pero apenas se esboza la idea de una película (la prostituta asesinada) que impide contar otra película (los obreros reprimidos). Con todo, sólo el intento de incursionar por una dramaturgia nueva, hace posible renovar el interés por una historia que ha sido contada mil veces”.


Declaraciones del director de fotografía Jorge Haydú

“Fue premeditado hacer un filme al estilo del cine de gánsteres de los años 30, de las películas de James Cagney y George Raft. Más del sesenta por ciento está filmado en estudio, que era como se hacían aquellas películas, en las cuales ni siquiera los exteriores se hacían en exteriores. Nosotros no llegamos a tanto, porque la escena de la calle, por ejemplo, es realmente la casa de Rachel, en la calle San Miguel, donde filmamos los planos de la llegada de la policía y el juez y su entrada en la casa.

La calle se arregló de acuerdo a la época, pero todos los interiores están hechos en estudio. No me fue difícil recrear el estilo de iluminación de estos filmes. Teníamos un material muy apropiado procedente de la ORWO que es de bastante alto contraste. Nos sucedió dos o tres veces durante el rodaje que del laboratorio me llamaban por teléfono pidiendo que detuviera la filmación porque existía un problema y nos hacían ir al laboratorio, nos proyectaban los planos revelados y, entonces, le aclarábamos que era precisamente lo que queríamos, pero ellos se asustaban.”


Declaraciones de Jorge Pucheux, responsable del Trucaje

Todos sabemos que la reconstrucción histórica, y no importa si es del siglo pasado, o antes pasado, o de la colonización de la Isla, o de Roma, lleva un trabajo cuidadoso, meticuloso, de mucha información, estudio, etc, pero también de recursos, los necesarios para lograr credibilidad en el público. Sabemos también que en esa etapa el Instituto no tenía las suficientes condiciones para entregarle a su director todos los recursos que este tipo de filme requería. Prueba de esto es la solicitud que me hiciera Oscar, para al menos poder cerrar de una manera digna una secuencia, que para la historia en cuestión era definitoria. Hay un atentado típico de la época, de un coche a otro, a disparos de ametralladoras Thompson, por un costado del Hotel Nacional de Cuba. El coche asaltado quedaba totalmente baleado. Ese era al final de la escena, el propósito, así como que se viera todo el desastre que causaban los impactos de los disparos en el auto.

Oscar nos fue a ver para solicitarnos que lo ayudáramos a lograr esta secuencia, pues, a los autos no se les podía dispara, ni romper, ni tocar. Obviamente, cómo diablos iba a poder filmar. Tuvimos unas horas de trabajo de mesa buscando una solución entre el director de fotografía, Jorge Haydú, Sergio San Pedro, el productor, Roberto Bravo, el editor y el equipo nuestro.

Poco a poco fueron saliendo las ideas resultando que una parte se filmaran tal como lo tenían pensado en el guión y la otra, filmando pedazos de otros autos, recibiendo los disparos, algunos en cámara lentas, sobre cristales, trozos de parabrisas viejo, etc.  Luego con un buen montaje se trataría de completar el resultado final de la secuencia. Los coches nunca fueron tocados, ninguno recibió un balazo, todo fue montado en Truca y en edición.

Y no se lograron aún mejores momentos debido a que no tuvimos más partes de autos de la época que pudiéramos utilizar, además del ya poquísimo tiempo de que disponíamos. Lo cierto es que ahí está la secuencia en el filme, y creo, después de tanto tiempo, que a pesar de su simpleza y de todos los obstáculos que Don Oscar tuvo que enfrentar, la secuencia del atentado, tan vista en este tipo de cine, fue totalmente lograda.


Comentario crítico

“Uno de los escasos momentos en que el cine cubano se ha aproximado al mundo oscuro de los crímenes, apelando a los conocidos códigos del “género negro”. El resultado es desigual, sobre todo porque el guión de Sergio Giral, Julio García Espinosa y el propio Valdés, peca por combinar de manera a ratos ingenua, intereses de denuncia social con otros más esteticistas.

A favor de la cinta, no obstante, queda la lograda atmósfera en la que influye de manera decisiva la fotografía de Jorge Haydú. El reparto incluyó a los actores más populares de la época, pero el nivel de actuación en modo alguno es parejo. El personaje de Rogelio Leyva es probable que quede como el más “preguntón” en la historia del cine de todos los tiempos. La música de Leo Brouwer es buena y Miguel Ángel Piña figura cantando el tema principal de la cinta. Isabel Moreno encarna a una corista que en cierto modo será el anticipo (casi veinte años más joven) de la antológica Mexicana que más tarde asumirá en La Bella del Alhambra.  Los diálogos pertenecen a Jesús Díaz”. (Juan  Antonio García Borrero).


Premios

Seleccionado filme notable en el Festival de Londres (1980).


Bibliografía

Alejandro Alonso. De dos filmes cubanos un comentario. Juventud Rebelde 5 May’77, p 2 (Comentario)

Julio García-Espinosa. La doble moral del cine. Editores Ollero & Ramos, 1996, p 99.

Gladys Mónica. El extraño caso de Rachel Keigesters. Juventud Rebelde 16 Sept’72, p 3 (Entrevista con el realizador)

El extraño caso de Rachel Keigesters. Cuba Internacional 4 (34): 57 jun ’72, ilus (Crítica)

Willy Hierro (Allen). El extraño caso de Rachel K. Revista Verde Olivo (21): 61; 22 may ’77.

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